Winston Churchill o «la grandeza» de un derrotado en las urnas

EL COMERCIO

Armó su discurso el consejero tirando de clásicos. No tuvo problema en apoyarse del exportavoz de UPyD, Francisco Sosa Wagner, o hacer suya la definición de la política de la socióloga norteamericana Michael Walzer, que la describe como un arte de la insistencia. El protagonismo se lo concedió a Winston Churchill en uno de sus momentos más paradójicos. Fue en 1946. «Había perdido las elecciones generales, él, que era quien mejor representaba la victoria, el liderazgo de su país y del mundo libre frente al nazismo, había perdido. Y había perdido ante la mayoría más contundente de la Historia con su oponente laborista», recordó. Ahí es donde el consejero encuentra la inspiración, en un político que pese a su situación personal, y con un continente en ruinas dividida por la política «propone una Unión de Estados Europeos». Lasta concedió «grandeza» a una idea que también exigía un «bendito acto de olvido» para dejar atrás las guerras padecidas.

 

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