"Hablé con música 35 años en el Conservatorio y 40 en Avilés, ahora me toca callar"

"Hablé con música 35 años en el Conservatorio y 40 en Avilés, ahora me toca callar"

‘Padre’ del Conservatorio, se jubila el miércoles con planes de dirección en su cabeza y preocupado por el futuro de la Semana de Música Religiosa

CRISTINA DEL RÍO

El pasado 1 de agosto, José María Martínez Chema cogió vacaciones y entregó las llaves del Conservatorio Julián Orbón que él mismo contribuyó a levantar hace ahora treinta y cuatro años. El próximo miércoles, día 10, cumplirá los 65 y con ellos estrenará oficialmente la condición de jubilado. Pero solo como director del Conservatorio. Músico, compositor y director de orquesta, su currículum que se puede consultar en la web de Educastur ocuparía la mitad de esta página, por eso solo comentaremos que es licenciado en Filología Románica por la Universidad de Oviedo, ha sido profesor de piano, profesor superior de dirección de orquesta y de órgano, entre otros instrumentos; ha promovido la música coral fundando varias corales y dirigiendo la Polifónica de Avilés. Ha sido director del Festival de Órgano de Asturias, su instrumento favorito, y es director de la Semana de Música Religiosa de Avilés. En 1989 recibió la Medalla de Plata al Mérito en las Bellas Artes del Ministerio de Cultura, y en 1994, el Premio del Albeniz Institute de Nueva York.

¿Cómo se encuentra?

Estoy tratando de aterrizar, de hacerme a la idea, que no es nada fácil.

El Conservatorio ha sido la gran obra de su vida.

Por supuesto. Es una gran obra. Aunque haya hecho otras cosas, son todas en torno a la música. Con el Conservatorio empezamos en el año ochenta, siendo alcalde Manuel Ponga y concejal de Cultura, José Martínez, con el que yo me puse a funcionar y me dio siempre las alas que necesitaba.

¿Cuál fue el principal objetivo?

Crear músicos de atril, instrumentistas profesionales, de coro y orquesta, y muchísima música de cámara, grupos que están regando Avilés y comarca de música durante todo el año.

Usted dirigía la orquesta del Conservatorio.

Impartía la asignatura de Práctica Orquestal, dirigía la orquesta y durante muchos años lo compaginé con la dirección de la Coral Polifónica de Avilés, junto a la que hacíamos un programa en la Semana de Música Religiosa. Hicimos obras muy interesantes y de repertorio muy serio, obras del fondo sinfónico coral, maravilloso por cierto. Hice los Réquiem de Mozart y de Fauré, las Siete Palabras de Haydn, todas las misas breves de Mozart, la misa en bi bemol mayor de Schubert, estrené los villancicos de Juan Paéz, publicados por la consejería de Cultura, las sinfonías de Ramón Garay, muchos conciertos para violín, viola, chelo, flauta. Yo miro para atrás ahora y casi no me lo creo porque ha sido repertorio profesional de verdad hecho con amigos, alumnos, profesores del Conservatorio.

¿El público siempre ha respondido?

Nuestros conciertos se llenan. Como debe ser. Son conciertos gratuitos. No sé lo que pasaría si fueran cobrando, pero un centro de formación tiene que dar conciertos como una obligación de la enseñanza que se imparte. La orquesta del Conservatorio ha salido incluso al extranjero. Otra cosa buena es que los profesores del Conservatorio son, en un 90%, concertistas y también han hecho su trabajo.

¿Los alumnos que entran al Conservatorio quieren dedicarse a la música o es un hobby?

Entran con ocho años y con esa edad es muy difícil que haya alguien vocacional, pero también los hay, pocos, pero los hay. Entre todos tenemos que ir encaminando al niño para que sea un profesional. Eso se consigue poco a poco y con una dedicación diaria. Tiene que empezar en veinte minutos y terminar, a los 20 años, en tres horas diarias. Como haría cualquier deportista de elite. Ser los mejores sin esfuerzo no es posible.

¿Cuáles deben ser los retos de la nueva dirección?

Supongo que querrán seguir como hasta ahora pero, evidentemente, ya no me compete decir.

Pero si le preguntan...

Yo estoy al servicio toda la vida del Conservatorio. Aunque soy muy consciente de que mi ciclo ha concluido y de que ya no soy nadie.

Da la sensación de que todavía se está mentalizando de que ya no dirige el Conservatorio.

Exactamente. Tengo que meterme en la cabeza que no soy nadie, que hay otras personas que continúan. Yo siempre digo que hablé durante 35 años en el Conservatorio y durante 40 en Avilés, haciendo música, y con eso está dicho todo. Me toca callar. ¿Qué le parece?

Que se podrá entregar más en cuerpo y alma todavía a la Semana de Música Religiosa.

Espero que sí. Yo soy organista de Sabugo, donde estudio a diario, porque quiero seguir siendo músico hasta que me muera. Pero la Semana de Música tiene un escollo importante, que es el presupuesto. Con la desaparición de la ayuda de la Obra Social de Cajastur vemos con más preocupación su continuidad. Creo que sería importante, como ocurre en todas las iglesias, que el que va al concierto tiene que colaborar.

Pero aquí...

Aquí la inercia es contraria. Y esto, o cambia, o el voluntarismo desaparece. Los músicos tienen que cobrar algo y para eso hace falta presupuesto. Quien se beneficia de la bondad del acto cultural debe colaborar.

¿Qué más va a hacer en su tiempo libre?

Voy a tocar, a escribir algo que me salga al paso y dirigir siempre que encuentre presupuesto. Tengo un reto en mi cabeza que es grabar las cinco sinfonías de las diez del avilesino Ramón Garay que todavía no he hecho. Es un trabajo inmenso. Serían dos cedés. Y grabarlas con gente de Avilés, en Avilés, con un compositor de Avilés, que es la cuna del sinfonismo español del siglo XVIII.