Santo Tomás declara la guerra a la carcoma

Teresa García Pérez muestra los medallanos restaurados. /
Teresa García Pérez muestra los medallanos restaurados.

La parroquia inicia una «complicada» restauración del retablo de San José que se prolongará varios meses

FERNANDO DEL BUSTO

Nada más entrar en la Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, un fuerte olor a tóxico, algún producto químico que abofetea los pulmones y provoca pequeñas lágrimas, revela que sucede algo fuera de lo habitual. La respuesta se encuentra en el retablo de San José, rodeado por andamios y donde dos personas, con los adecuados trajes de protección, se afán en una batalla contra la carcoma.

José Miguel Jiménez Parrilla y María García Pérez ejercen de 'generales' y 'soldados' donde su empresa, Tríptico Restaura, cuenta por miles las intervenciones con éxito. Esta, sin embargo, se presenta más complicada. «Estamos con una carcoma originaria de Colombia, es más complicada de combatir ya que presenta comportamientos que antes nunca habíamos visto», explican los restauradores. Los trabajos comenzaron en octubre y ocuparán buena parte del próximo año, como mínimo hasta mayo.

«Una vez que retiremos los andamios tendremos que hacer revisiones permanentes para asegurar que la carcoma no se reproduce», explica Jiménez Parrilla. Y es que con más de 30 años de experiencia ha llegado a desarrollar patentes especificas para erradicar la carcoma.

«La intervención no sólo consistirá en la limpieza y restauración del retablo, también en eliminar a los xilófagos y evitar que vuelvan a aparecer», comenta.

De esta manera, el retablo recuperará su esplendor original. Se trata de una creación de Félix Granda, el sacerdote asturiano que, tras la Guerra Civil, dedicó su obra a recuperar el patrimonio destruido durante la contienda. Se dedica a San José, reflejando las principales escenas de su vida.

«Granda es un maestro; alcanza una perfección que puede confundir a una persona que no sea experta y hacerle creer que se encuentra ante un retablo gótico o barroco. Era un artista y tenía unos amplios conocimientos sobre la iconografía cristiana», explica José Miguel Jiménez.

En este primer mes de actuación, la restauración ya comienza a ofrecer sus primeros frutos. El mejor ejemplo es el realce de los dos medallones metálicos situados en la base del retablo y que, por una capa de polvo, pasaban desapercibidos. «El retablo se dedica a San José y no encontramos ninguna relación directa. Con los párrocos llegamos a la conclusión de que es una forma de citar al donante del retablo», comenta Jiménez Parrilla.

 

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