«Si no jugásemos con la ficción soportaríamos mucho peor la realidad»

Magüi Mira, directora de 'Kathie y el hipopótamo'. :: LVA/
Magüi Mira, directora de 'Kathie y el hipopótamo'. :: LVA

directora de teatro y actriz

JOSÉ FERNANDO GALÁNAvilés

Magüi Mira (Valencia, 1945) acumula una larga trayectoria sobre los escenarios como actriz y también como directora. Esta tarde regresa a Avilés, al Niemeyer, en su faceta de directora con la obra 'Kathie y el hipopótamo', un texto del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa interpretado por Ana Belén Ernesto Arias, Jorge Basanta y Eva Rufo, con música en directo a cargo del pianista David San José.

¿Qué tiene de especial Mario Vargas Llosa?

Cada autor es un mundo, un universo imaginario diferente, y no se pueden comparar. A partir de ahí Vargas Llosa es único e irrepetible, un autor absolutamente talentoso que convierte en arte tanto la narrativa como el teatro.

Algunas de sus obras recrean un mundo en cierto modo fantástico.

Siempre parte de una realidad que conoce muy bien, la transforma y juega con ella, llevándola a otro nivel. Mira el paisaje de la vida de una forma maravillosa y esa mirada tan especial es lo que cambia la realidad, convirtiéndola en arte.

¿Es una comedia?

Una comedia llena de magia, pensamiento, emociones y sorpresas.

¿Una mezcla de realidad y ficción?

Vargas Llosa es muy transgresor. Todo lo que escribe es ficción, aunque parte de la realidad, y esa ficción siempre tiene algo que ver con él. La verdad de sus personajes, lo que desean, lo que recuerdan. Hay una línea ínfima que separa ambos mundos y él se pasea por ella. Si no pobláramos nuestro cerebro de deseos y de recuerdos, si no jugáramos con la ficción resistiríamos mucho peor la realidad tan dura que nos ha tocado vivir. Vargas Llosa nos muestra su realidad, sus deseos, y por eso tiene tanta incidencia en el espectador. ¿Quién no recuerda y desea cosas que nunca hizo pero que puede hacer, quién no recuerda cosas maravillosas y otras que le angustian? Lo hacemos todos los días y esas fantasías nos ayudan a vivir la realidad, a soportarla en sus partes más crudas.

Y más aún en estos tiempos que corren.

Por eso digo que es un gran transgresor. Da cuerpo a lo que sus personajes tienen en la cabeza a nivel de deseos, de fantasías, y lo hace de tal manera que el espectador lo percibe.

¿Es una obra nostálgica?

En cierto sentido. La acción se sitúa en la década de los ochenta, tiempos que muchos hemos vivido, pero de repente coloca algo que está sin resolver, problemas que todos llevamos en la mochila, como la infidelidad, y no se mide con la misma vara la del hombre que la de la mujer. Vargas Llosa va contra la peste machista, como él la define, y en esta obra también.

¿Cómo ha sido su relación con él?

La complicidad ha sido total. Hemos trabajado muy juntos y me ha concedido mucha libertad.

¿Impone trabajar codo a codo con un autor de su envergadura?

No, todo lo contrario. Para mí nadie es más importante que nadie, pero hay quien tiene más talento, y acercarme a él es algo que me alimenta, que me hace crecer como persona y como profesional. Fue un momento que viví con gran intensidad.

¿Y con Ana Belén, cómo es la relación?

Es una actriz de enorme talento, admirable. Kathie es un personaje complejo, una mujer capaz de estar en distintas dimensiones, la real, la que recuerda, la de sus fantasías y la de sus deseos, y ella lo ha hecho suyo con suma facilidad, haciéndolo crecer. También es sensacional el trabajo de Ernesto Arias, que es asturiano, el de los otros dos actores, Jorge Basanta y Eva Rufo, y el de David San José en el piano. Es un espectáculo con mucha música.

¿Y el hipopótamo?

Vargas Llosa siempre bebe de algo que conoce bien. En su juventud estuvo becado en París y para poder vivir se alquiló como escribidor de una señora mayor que quería escribir un libro de aventuras sobre una viaje que había hecho. Es la realidad de la que partimos. Esa señora es Kathie. El hipopótamo, un animal de gran potencia sexual que en cambio come hierbecitas, simboliza una gran contradicción que hace referencia a la manera de vivir el sexo de determinados hombres. En 'Kathie y el hipopótamo' el sexo está latente. La vida es sexo, y esa sensualidad que nos acerca y nos aleja es lo que le sucede al escribidor. Pero ni mucho menos es una obra autobiógrafica.

Usted es actriz y directora. ¿Con qué papel se queda?

Con ninguno. Necesito los dos, los dos me hacen crecer. Dirigir no es imponer sino convencer, que es lo que necesito como actriz.

¿Es el cine su asignatura pendiente?

A mí lo que me importa es contar historias que provoquen al espectador, que lo zarandeen, y lo hago de una manera cuando dirijo y de otra cuando interpreto. Estoy muy a gusto sobre el escenario, y si algún día lo puedo hacer para una cámara también seré muy feliz.

El mundo de la cultura no atraviesa su mejor momento.

Está cruelmente tratada y más aún el teatro, que es artesanía y tiene menos defensas. Es un absurdo, una sinrazón, algo que no se puede entender, una neurosis de los políticos, una demencia de la que espero salgamos para situarnos al mismo nivel que otros países de Europa.

¿Cómo animaría al público para que acudiese a ver Kathie y el hipopótamo?

Tampoco resulta necesario animarle. El público tiene mucha intuición, y sabe que este magnífico texto insólito de Vargas Llosa interpretado por unos actores en estado de gracia es una pequeña joya que no debe perderse.

 

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