Una ría por interpretar

El público llenó el Centro de Servicios Universitarios para disfrutar de la charla. /
El público llenó el Centro de Servicios Universitarios para disfrutar de la charla.

Julio López Peláez defiende la apertura de centros divulgativos abiertos a la población y la comunidad escolar

FERNANDO DEL BUSTO

Fue un auténtico paseo por la ría el que ayer ofreció el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS, coordinada por Armando Arias y patrocinada por Cafés Toscaf, al público que llenó el Centro de Servicios Universitarios de la Universidad de Oviedo en la inauguración de una nueva edición del ciclo de 'Ciencia y Naturaleza' organizado con la colaboración del Grupo Ornitológico Mavea.

Pero no fue un recorrido en chalana, sino a través de la historia mediante una conferencia en la que el doctor Julio López Peláez recurrió a abundante material gráfico para explicar la evolución del estuario. «La causa principal de los cambios son las intervenciones del hombre, fundamentalmente a partir de 1833, pero existen desde tiempo inmemorial», aseguró antes de recordar como en la Edad Media ya se realizaron dragados para asegurar la navegabilidad del canal de la ría.

El ponente glosó como la intervención humana o antropización comienza en el siglo XIX con tres grandes objetivos: ocupar espacios naturales para usos agrícolas, industriales, residenciales y también portuarios; la construcción de infraestructuras para estabilizar el entorno portuario y protegerlo, y los propios dragados que son necesarios por la propia naturaleza de la ría de Avilés.

«En Avilés, los sedimentos en el canal de entrada son inevitables. No se trata de una desembocadura de un río, como sucede con el Nalón en San Esteban o el Sella en Ribadesella, no existe un río tronco que forma la desembocadura, sino diferentes afluentes que vierten en la lámina de agua». Alvarés y Tamón son los ríos de cabecera, pero su caudal no es lo suficientemente fuerte como para convertirse en el principal alimento de la lámina de agua. Éste también se nutre de afluentes por la izquierda (Arlós, Tuluergo y Raíces) y la derecha (Vioño, Tabiella), sin que ninguno de ellos disponga de una gran entidad.

De ahí que antes, de entrar en la historia, el profesor Peláez explicase el concepto de estuario, fundamental para entender las intervenciones en la ría y sus repercusiones. «El estuario es un conjunto de elementos morfosedimentarios relacionados entre sí», destacó.

De esta manera, el estuario avilesino sería como un triángulo isósceles cuya base iría desde La Peñona al faro de San Juan y posteriormente entraría por el canal de agua hasta la altura de Trasona «donde termina la influencia de las mareas».

«Ocupación de espacios»

En ese territorio, una primera época iría de 1833 a 1945 cuando se generaliza la ocupación de espacios «para usos agrícolas, como en la zona de Llodero; residenciales en Salinas y la propia canalización de la ría», destacó el ponente para explicar la desaparición de marismas y arenales en ambas márgenes.

En 1945 se produce un punto de inflexión con la llegada de la industria. «Hasta entonces, apenas había presión industrial. En 1946, Endasa se construye en la margen izquierda, en Las Arobias; de 1942 es la efímera Siasa y entre 1951 y 57 se produce la primera fase de Ensidesa», además de aludir a AZSA o Saint-Gobain.

«Actualmente, apenas existe un espacio sin antropizar. La menor intervención se produce en las playas de El Arañón, en Llodero, El Espartal», comenta. De ahí que el ponente fijase ayer tareas para la administración, «que debe ejercer el deber de vigilancia y conservación de los espacios naturales, por ejemplo, retirando especies invasoras». Pero también a los ciudadanos, «que tienen que asumir determinados comportamientos. No tiene sentido ver a la gente entrenar en las dunas de El Espartal, por ejemplo».

De ahí que defendiese la necesidad de apostar por centros de interpretación «abiertos a la población y a la comunidad escolar de la comarca» y aprovechar cambios legales como la nueva normativa de la Unión Europea que obliga a reutilizar en los espacios naturales los sedimentos de vertidos que no sean contaminantes, concluyó Julio López.