En busca de la infraestructura verde

Juan Carlos Menéndez, ayer en el Centro de Servicios Universitarios. /
Juan Carlos Menéndez, ayer en el Centro de Servicios Universitarios.

El jefe de Parques y Jardines de Oviedo explica los retos a los que se enfrentan las ciudades para integrar en armonía el arbolado

C. DEL RÍO

La urbanización y crecimiento de las ciudades se ha hecho en muchos casos a costa de deforestaciones y talas de árboles a los que ahora se pide auxilio. El tipo de vida actual, con una temperatura y unas tasas de contaminación por encima de lo deseado, llevan a ciudadanos y administraciones a demandar masa arbórea en pleno corazón de las urbes por más razones que los motivos estéticos. Porque su introducción no siempre es fácil y la convivencia puede llegar a ser hasta conflictiva, Juan Carlos Menéndez, jefe de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Oviedo, ofreció ayer las claves de esta relación en la charla organizada por el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS en el Centro de Servicios Universitarios, con el patrocinio de Cafés Toscaf. En esta ocasión Armando Arias, coordinador del Aula de Cultura, cedió la batuta de presentador a Carmen Muñiz, la jefa de Parques y Jardines de Avilés.

Desde las primeras plantaciones en los Campos Elíseos de París en 1640, en las que el árbol pasó de ser un elemento exclusivo de los jardines y palacios de la nobleza a un elemento ornamental de las ciudades, el árbol siempre ha tenido una gran acogida por parte de los ciudadanos.

«Queremos que se planten árboles y no nos gusta que se talen». Y, además, esto no es nuevo porque como señaló el experto, «nuestra reciente conciencia medioambiental ni tiene que ver con fijadores de CO2 ni con el cambio climático». Uno de los ejemplos más conocidos de Asturias tuvo lugar en Oviedo, en 1879, cuando se taló el carbayón y desató una respuesta ciudadana nunca antes vista en relación con un elemento natural.

La falta de planificación y rigor sigue siendo, según el experto, la causa más frecuente de los problemas que causan los árboles en el ámbito urbano. A lo que cabe añadir inconveniente más cotidianos como la obstrucción de desagües, daños al pavimento, la reducción de luz en las viviendas y del alumbrado público, la ocultación de semáforos y señalización en general, además de la suciedad por las deyecciones de aves o por los frutos. Lo más alarmante son la presencia de sustancias venenosas como tejos, adelfa o lluvia de oro; las plagas o su potencial peligrosidad.

Sus beneficios

Como contrapartida, reducen la temperatura de las ciudades y los efectos microclimáticos; la contaminación atmosférica; absorben el dióxido de carbono; actúan como cortavientos en invierno y aportan sombra y humedad en verano; previenen la erosión del suelo; disminuyen la contaminación acústica y fomentan el aumento de la biodiversidad.

De cuando a cuando cae una rama o un árbol entero, que es el problema más alarmante por su repercusión y dimensión pública. Juan Carlos Menéndez señaló que «para poder vivir debemos aceptar distintos grados de riesgo» y defendió la actuación de unos equipos, los de parques y jardines, que no solo atienden los síntomas de vitalidad del árbol, sino que adoptan las pautas de los métodos de evaluación más extendidos. El más usado en Europa es el VTA, basado en los principios de la biomecánica arbórea.

El concepto de 'infraestructura verde' que aparece por la necesidad de las grandes urbes de ofrecer a sus habitantes la naturaleza dentro de la propia ciudad, alude «una red interconectada de espacios verdes y otros activos ambientales que conserva las funciones del ecosistema natural y proporciona beneficios asociados a la gente» porque como dijo el ensayista Santiago Kovadloff y repitió Menéndez ayer, «durante centenares de miles de años, el hombre luchó por abrirse un lugar en la naturaleza. Por primera vez en la historia de nuestra especie, la situación se ha invertido y hoy es indispensable hacerle un lugar a la naturaleza en el mundo del hombre».