La población de mejillón pigmeo en la ría está bajo control

Una voluntaria trata de localizar mejillones pigmeo en la ría de Avilés. /
Una voluntaria trata de localizar mejillones pigmeo en la ría de Avilés.

La campaña de la Universidad concluye con la retirada de un millón de ejemplares de esta especie invasora

J. F. GALÁN

El mejillón pigmeo está bajo control. De color marrón, apenas dos o tres centímetros de longitud -de ahí su nombre- y catalogado como especie invasora, una campaña que acaba de finalizar la Universidad de Oviedo concluye que la población en la ría de Avilés es contenida y está muy lejos de constituir un problema. No es que sea tóxico, ni aun comiéndolo, pero si prolifera en número exagerado puede llegar a 'tapizar' y obstruir o dañar estructuras como tuberías y a desplazar al mejillón nativo y a transmitirle a él y a otros especies enfermedades que podrían poner en peligro el ecosistema, como se sospecha ya comienza a suceder en algunas rías gallegas y del norte de Portugal. En Vigo y en Pontevedra, el pigmeo se considera una seria amenaza para los cultivos de mejillón nativo, un sector clave en la economía de la zona.

«No es ni muchísimo menos el caso de la ría de Avilés», recalca Laura Miralles, miembro del equipo del departamento de Biología funcional de la Universidad de Oviedo que llevó a buen fin el estudio. No solo a nivel teórico, también práctico. Durante los tres meses de trabajo el equipo retiró con la ayuda de voluntarios en torno a un millón de ejemplares del mejillón pigmeo, especie exótica originaria de Nueva Zelanda y Australia que rápidamente se ha ido extendiendo por el mundo hasta llegar a sus antípodas.

El cómo no está del todo claro. Según explica Miralles, mediante un compendio de factores directamente vinculados a la actividad humana, desde aferrándose a los cascos de los buques hasta en semillas, según señalan algunas hipótesis.

Una de sus características es su preferencia por aguas de baja salinidad, de ahí que lo habitual es que se concentre con preferencia en la cola de las rías y estuarios y no en sus desembocaduras. Y Avilés no es ninguna excepción. Tal y como ha constatado el estudio, el grueso de la población se localiza en los muros que caen al agua en el entorno del Niemeyer, en los pantalanes del puerto deportivo y en menor medida en el puente de San Sebastián, zonas donde el agua es menos salobre y donde proliferan estructuras total o parcialmente sumergidas y sustratos duros que invaden rápidamente, en concentraciones que según la web del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente pueden alcanzar una densidad superior a cincuenta mil individuos por metro cuadrado.

También son capaces de extenderse por lechos arenosos, aunque según ha constatado el equipo universitarios no es el caso de Avilés. Tanto por número como por extensión, limitada a «colonias concretas y aisladas entre sí», la actual población «no constituye ningún peligro ni para la vida marina ni para las estructuras que pueda haber en el agua, como parece algunos quieren dar a entender, y todavía tendrían que pasar muchos años para que se pudiera llegar a este extremo. Está completamente controlado, si bien es necesario seguir pendientes para observar si la población tiende o no a reproducirse y a extenderse a otras zonas de la ría», subraya Miralles.

Alarma en una tesis

Los primeros ejemplares del 'Mytilus galloprovincialis', su nombre científico, los detectó un alumno mientras realizaba su tesis. La Universidad de Oviedo se puso entonces en contacto con la Autoridad Portuaria, advirtiéndole de la conveniencia de realizar un estudio que reflejase la situación para actuar en consecuencia. El mejillón pigmeo «puede colapsar tuberías y constituir un serio problema para las empresas. En muy poco tiempo había pasado de representar del 1% al 50% de los mejillones que hay en la ría, y si no se actúa a tiempo erradicarlo resultaría muy costoso, si es que se puede», manifestó entonces Laura Miralles.

Una vez concedida la autorización y con la colaboración del propio puerto, el equipo se puso manos a la obra. El trabajo se centró en localizar y cuantificar las colonias y en la medida de lo posible en erradicarlas. «Quitamos todos los ejemplares que encontramos en la parte más externa de la ría», ardua tarea que realizaron con el apoyo de escuelas de surf y otro tipo de asociaciones. «Quedamos sorprendidos, vino mucha gente. También el puerto puso todo de su parte», agradece.

Durante el estudio también se llevó a cabo una campaña divulgativa para advertir de la presencia de otras especies invasoras en la comarca. Según Miralles, hay más de cien plantas invasoras, como el plumero de La Pampa, muy arraigado y presente también en el entorno de la ría, en los terrenos de Maqua.

 

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