Mochilas y análisis para un amplio seguimiento de más de una década

El estudio se inició en el año 2004 y prevé continuar durante toda la etapa pediátrica de los niños

R. A. AVILÉS.

La investigación arrancó en el año 2004. Fue entonces cuando comenzó a realizarse un seguimiento de alrededor de medio centenar de mujeres que estaban esperando un bebé. Durante la etapa de gestación se analizó la contaminación a la que estaban expuestas, sobre todo en sus domicilios, pero también en sus puestos de trabajo y en otros lugares que frecuentaban durante el día. A 69 de ellas se las dotó incluso de unas mochilas que portaban durante el día y que iban midiendo los valores de las diferentes sustancias en la atmósfera.

Una vez que dieron a luz se registraron los pesos y las medidas de sus hijos al nacer y se siguieron controlando a lo largo del tiempo. Al principio con mayor frecuencia y ahora cada dos años. La intención es continuar este seguimiento, al menos durante toda la edad pediátrica, es decir, hasta los catorce años.

Los niños acuden al Hospital San Agustín, donde el servicio de Pediatría se encarga de realizar estos controles periódicos que requieren los investigadores. Allí se les hace una revisión antropométrica y se les realizan test cognitivos para comprobar la marcha de su desarrollo intelectual. También se realizan varios cuestionarios a las familias, que tienen que ver con los hábitos alimentarios, de sueño o de tabaquismo de los niños y sus familiares, y se recogen muestras para su posterior análisis. «Analizamos químicos y obesógenos ambientales», cuenta Tardón.

Los últimos datos recogidos, los que corresponden a los ocho años de edad de los pequeños, aún están en proceso de análisis, pero parecen apuntar a una relación entre los factores ambientales y un mayor riesgo de obesidad.