Avilés acoge a diecisiete refugiados tutelados por la ONG Accem

Raquel Palacio, representante de Accem, escucha la exposición de Servando de la Torre./
Raquel Palacio, representante de Accem, escucha la exposición de Servando de la Torre.

La asociación dispone de dieciocho plazas de residencia en la ciudad y los beneficiarios se reparten en pisos de hasta seis personas

OLAYA GONZÁLEZ

Un total de diecisiete refugiados residen actualmente en Avilés en pisos gestionados por la ONG Accem, una organización no gubernamental y no lucrativa dedicada a la atención de refugiados e inmigrantes. Así lo hizo saber ayer en su exposición en el ciclo sobre flujos migratorios en los cursos de La Granda Raquel Palacio Torre, coordinadora del área social en Asturias. La ciudad oferta en estos momentos dieciocho plazas de las que solo una está vacante. Los beneficiarios se reparten en pisos de hasta seis personas y se alojan en ellos un tiempo máximo de nueve meses.

Accem tiene su sede central en Madrid, pero su trabajo en Asturias se remonta al año 1992, cuando empezó su labor en Gijón. El pasado mes de marzo la organización habilitó dieciocho plazas más en Avilés y otras tantas en Oviedo ante la avalancha de desplazados sirios necesitados de asilo. En la actualidad Asturias tiene capacidad para acoger hasta a sesenta refugiados, y cinco de esas plazas están habilitadas para discapacitados físicos y psíquicos y ubicadas en un centro especializado de Siero. En total, representantes de la ONG calculan que las instalaciones del Principado están preparadas para albergar a 160 desplazados al año.

El proceso de integración consta de tres etapas, sin contar el servicio de primera acogida que se puede extender un máximo de treinta días. En primer lugar los refugiados ingresan en las residencias tuteladas por Accem y se alojan en ellas unos seis meses, espacio que puede prorrogarse otros tres más en el caso de tratarse de personas en situación vulnerable. En esa categoría entran las familias monoparentales, los refugiados de más edad, los menores que viajan sin la supervisión de un adulto, los discapacitados y los enfermos graves.

El siguiente paso es la fase de integración, en la que la ONG continúa proporcionando a los desplazados apoyo de tipo económico a pesar de que en ese punto ya cuentan con cierta autonomía. El proceso puede alargarse durante los siguientes seis u once meses. El último paso es la autonomía. La organización no gubernamental hace entonces un seguimiento de cada una de las personas que ingresaron en el programa durante un plazo de entre seis o cuatro meses en función de la duración de las etapas anteriores. En total el proceso se extiende durante dieciocho meses en los casos generales y veinticuatro para los colectivos vulnerables.

Aunque en los últimos meses los titulares de los medios de comunicación los han copado los desplazados sirios la acción de esta ONG no limita solo a los que huyen de esta guerra civil. Además de Siria, las 625 plazas de las que Accem dispone en el país están ocupadas por ciudadanos procedentes de Irak, Afganistán, Palestina, Sahara, Mali, Nigeria, Venezuela, Costa de Marfil, Yemen, China, Egipto, Pakistán o Eritrea. «Los refugiados ponen su vida en pausa y nosotros intentamos facilitar que vuelvan a ponerse en marcha», apostilló Palacio.

En su labor sobre el terreno los trabajadores sociales encuentran que una de las dificultades fundamentales que enfrentan los refugiados y también los inmigrantes cuando llegan a España es la barrera del idioma. «Desde Accem proporcionamos un servicio de interpretación y traducción disponible para las comisarías del Cuerpo Nacional de Policía en Asturias que facilita la solicitud de los permisos», recordó Raquel Palacio Torre. Los problemas psicosociales y formativos, entre ellos la dificultad para homologar títulos académicos, las trabas laborales y jurídico-administrativas y los casos de discriminación también hacen más difícil la integración de estos colectivos en la sociedad española.

«La colaboración ciudadana es fundamental para crear una red solidaria y conseguir así una sociedad fuerte y con carácter integrador», explicó Palacio, que también aseguró que la consecución de estos valores reportará innumerables beneficios a los ciudadanos locales. «En el caso de los refugiados hablamos de una discriminación positiva, les proporcionamos apoyo puntual para que estén en igualdad de condiciones», añadió la responsable del área social de Accem, que lamentó que en el caso contrario los refugiados podrían «quedarse al margen».

Los primeros pasos de esta organización no gubernamental en el Principado se remontan al año 1992, cuando tan solo contaban con diecinueve plazas en Gijón. «Entonces actuábamos sobre todo como puente para los refugiados que buscaban dar el salto a terceros países. Entonces los más solicitados eran Estados Unidos, Australia o Canadá», recordó Palacio, que también hizo referencia a que los grandes desplazamientos de seres humanos «siempre han sido parte de la historia».

Sobre este fenómeno global centró su ponencia Emilio de Diego, historiador y habitual de los ciclos que se imparten en la residencia de La Granda, que ofreció una perspectiva histórica de los movimientos migratorios que afectaron a la zona en la que se encuentra Siria. Para ello se remontó a la época del Imperio Otomano, uno de los de mayor esplendor de la historia. «En la actualidad la situación en esa zona tiene connotaciones trágicas, todos los días vemos a gente ahogarse en directo», aseveró.

De Diego detalló además la clave del descontrol del tránsito de personas: «Los flujos migratorios se convierten en un problema cuando tienen una dimensión excepcional». De lo contrario, la llegada de refugiados e inmigrantes a un país suele suponer un impulso para la actividad económica. En la actualidad este fenómeno se da en países como Alemania y Suecia, que ansían la llegada de desplazados sirios para aumentar su población activa. Como recordaron los expertos el martes, las ganas de los recién llegados y su facilidad para adaptarse a distintos perfiles profesionales son algunas de las claves que hacen aún más positiva su incorporación a la dinámica de los países de acogida.

«No todos los grandes movimientos de personas han tenido consecuencias negativas a lo largo de la historia, solo hay que fijarse en las migraciones desde Europa del Este o Iberoamérica», apuntó Emilio de Diego. En referencia al gran número de inmigrantes españoles que se desplazaron a Sudamérica a principios del XIX, el profesor recordó que en los últimos veinticinco años la ruta contraria ha sido frecuentada por hasta veinticinco veces más iberoamericanos.

Aparte de la exposición del coronel Emilio Sánchez de Rojas sobre los retos que supone la llegada masiva de refugiados para la seguridad de Europa el programa de ayer lo completó una ponencia del director del ciclo, Servando de la Torre, que desgranó el marco legal que ampara la acogida de refugiados en España. «Por ejemplo nadie pone en duda que tienen derecho a asistencia sanitaria», concluyó el diplomático.

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