Fallece Juan García-Morán, la tercera generación de Efectos Navales

Juan García-Morán. /
Juan García-Morán.

La iglesia de Santo Tomás despedirá hoy a las doce al empresario que regentó el comercio desde que cumplió 19 años hasta su jubilación

FERNANDO DEL BUSTO

El espíritu marino de Avilés se vistió ayer de luto con el fallecimiento de Juan García-Morán Fernández-Pedrera (Avilés, 1928-2016), que representa la tercera generación familiar al frente de Efectos Navales Juan García-Morán, situado en San Juan. La iglesia de Santo Tomás acogerá hoy, a partir de las doce de la mañana, el funeral en su memoria.

La historia de Efectos Navales Juan García-Morán supera el siglo, ya que su actividad comercial se inició en 1910, cuando su abuelo Manuel García-Morán abría el negocio que, diez años más tarde, trasladaba a su actual emplazamiento.

Su hijo Juan lo sucedía al frente de la empresa. Su fallecimiento provocó que Juan García-Morán Fernández-Pedrera asumiese, con 19 años de edad, la gerencia. Supo conservar la tradición de Suministros Navales que aún hoy mantiene y que lo convierte en uno de los comercios con más carisma de la ciudad, pero también introdujo productos industriales para atender las necesidades de las empresas próximas, ferretería, moda náutica... Efectos Navales García-Morán ha demostrado su capacidad para asumir nuevas líneas sin desviarse de su destino original.

Viudo de Pilar Escobedo Bailly, del matrimonio nacieron cinco hijos: Juan, Ana, Manuel, Pablo y Javier, de los que, en 2012, se declaraba «orgulloso» en una entrevista a LA VOZ DE AVILÉS. En ella reconocía su vocación de marino, aunque la vio colmada con su trabajo en Efectos Navales, donde se hizo amigo de todos los marineros que entraban en su tienda.

Su hija Ana se mantienen al frente del negocio desde la jubilación de su padre. El retiro no impidió la visita diaria al negocio de San Juan de Nieva, donde siempre colaboró.

Gran aficionado a la pesca, compartió numerosas horas con el que fuera ministro Fernando Morán y su hermano Pedro. También jugó al fútbol en El Carbayedo. La cercanía de la playa de San Juan provocó que, en más de una ocasión, hiciese de socorrista cuando aún no había ese servicio. Sus amigos destacaban de él su sentido del humor, del que siempre hacía gala en sus conversaciones. Desde ayer, su tertulia semanal en el Germán quedará un poco huérfana.

 

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