La ciudad, 'jauja' para los jabalíes

La sala del Centro de Servicios Universitarios se llenó de público interesado en el tema. /
La sala del Centro de Servicios Universitarios se llenó de público interesado en el tema.

El profesor de Zoología de la Universidad de Oviedo insiste en la necesidad de evitar la habituación de la especie en las urbes

BÁRBARA MENÉNDEZ

Sin querer caer en el pesimismo ni en el alarmismo, el ponente Carlos Nores Quesada tampoco quiso engañar al numeroso público que se congregó ayer en el Centro de Servicios Universitarios para asistir a su charla sobre el jabalí urbano, enmarcada en el ciclo 'Ciencia y naturaleza' del Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS, coordinada por Armando Arias y patrocinada por Cafés Toscaf. «Voy a intentar aportar mi grano de arena a un problema que no sé si tiene solución», confesó el profesor de Zoología de la Universidad de Oviedo para acto seguido comparar su intervención con un diagnóstico médico. «Puede que la enfermedad permanezca, pero entre todos podemos paliar los síntomas», añadió.

Casualidades del destino, ayer estuvo muy presente el último accidente provocado por la irrupción de jabalíes en la periferia urbana: el choque múltiple del domingo en la autovía de Llanes. «Junto a los daños en el medio rural, cifrados en un millón de euros en el último año, las colisiones y la amenaza de los jabalíes urbanos son los tres principales problemas derivados de la superpoblación de la especie», explicó el experto antes de comenzar su charla, centrada en el análisis de la última problemática.

Haciendo referencia una vez más al poco consenso tanto científico como político en el acuerdo de una solución definitiva, Nores insistió en la necesidad de que las autoridades informen a los ciudadanos de lo que está sucediendo, el porqué de esta situación y los gestos a seguir para facilitar una convivencia que, a día de hoy, parece forzada a la par que inevitable. Asimismo, no descartó la influencia positiva del 'boca a boca'. «Igual que la gente sabe que no debe correr cuando ve un perro, tienen que saber cómo comportarse si encuentran un jabalí», ejemplificó.

Este hipotético remedio global final parece a su vez bastante utópico según las investigaciones consultadas por Nores. «Hasta 104 ciudades de cuatro continentes distintos han identificado jabalíes en sus zonas urbanas y, pese a haber tomado distintas medidas e implantado desiguales legislaciones respecto a la caza, sólo un 3% de ellas han logrado reducir la población de estos animales», recordó. Entre estas ordenanzas no hay cabida para la repetición: caza intensiva, cebos envenenados, sistemas de geolocalización, persecución por aire, etcétera.

El problema, tal y como apuntó Nores ayer, no es tanto de caza -en los últimos treinta años se ha pasado de capturar 122 jabalíes al año a más de 9.100 en Asturias- como de habituación al entorno. «En ciudades no tan lejanas, como es el caso de Barcelona, ya los tienen pidiendo el croissant a las puertas de las casas para desayunar», alertó. Y es que, aunque pueda parecer un dilema de ambientes más rurales, ciudades tan urbanizadas y cosmopolitas como Barcelona, Berlín, Sidney o incluso Nueva York tienen graves problemas de contención.

Cortar la fuente de comida

«Está demostrado que los jabalíes vuelven antes a un hábitat que les proporciona alimento, aunque sea hostil, que a uno en el que pueden vivir tranquilamente», señaló Nores con clara voluntad de recalcar la importancia de no alimentar ni directa ni indirectamente -descuidando la seguridad de los contenedores de basura- a estos animales. «Los jabalíes urbanos pesan más que los salvajes porque en la ciudad llevan una dieta más nutritiva», añadió. «Hay que destruir la concepción de 'jauja' que se encontraron cuando llegaron a la urbe», zanjó el docente antes de despedirse.

 

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