«Las depuradoras han contribuido a la recuperación de la vida en la ría»

César Álvarez Laó sonríe ante la presentación de Armando Arias. /
César Álvarez Laó sonríe ante la presentación de Armando Arias.

El biólogo César Álvarez Laó afirma en el Aula de Cultura de LA VOZ que el aumento de la biodiversidad en la zona ha sido «exponencial» desde el año 2004

C. DEL RÍO

El biólogo y cofundador del grupo ornitológico Mavea, César Álvarez Laó, puso ayer en valor el estuario avilesino y avaló con cifras la recuperación medioambiental de la ría de Avilés, una zona que la generación de «hijos de la fabricona» conoció degradada, pero para la que él alberga esperanzas a la vista de la mejora de la biodiversidad en los últimos treinta años. Alabó el incremento de la sensibilidad ecológica y asoció a la puesta en marcha de las depuradoras en 2004 el «crecimiento exponencial» de invertebrados y, por tanto, del alimento de las cien mil aves migratorias que cada año suelen descansar en la zona.

En su conferencia en el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS, coordinada por Armando Arias en colaboración con Mavea y con el patrocinio de Cafés Toscaf, el biólogo explicó que la ría está integrada en la vía de vuelo del Atlántico oriental por la que transitan las aves desde Groenlandia, Siberia y Europa hasta la costa atlántica africana. «Vienen aquí buscando comida y descanso, como cualquiera de nosotros en un viaje» y no dejó de compartir su sorpresa por la larga, fatigosa y difícil ruta que «algunos pajarinos de no más de veinte o treinta gramos emprenden de Sudáfrica a Siberia».

Avilés siempre fue parada de estas aves incluso en sus peores años, cuando Mavea comenzó a formarse como grupo y a observar y preguntarse por qué en un entorno tan maltratado descansaban algunas aves. La respuesta la encontraron en la 'xorra', el gusano que los pescadores emplean como cebo, «el único invertebrado que aguantaba la contaminación».

En 1987 comenzaron a trabajar en un censo que marcó uno de sus hitos en 2013, cuando anotaron registros diarios. «Hay pocos estuarios con un registro tan continuado de información. Por supuesto, cuentan con él las marismas de Doñana y el Delta del Ebro, pero del Cantábrico no conocemos otro tan importante como el nuestro».

El biólogo confirmó que en el estuario se han dejado ver «aves raras» y habló de un turismo ornitológico «en ebullición». Asegura que mucha gente ha llegado a Avilés a través de los pájaros. «Hemos aportado nuestro granito al turismo», señaló.

El punto fuerte del estuario pese a su pequeño tamaño y con sus zonas de interés concentradas en la ensenada de Llodero, las dunas del Espartal y «ahora también la cola del Niemeyer, donde se pueden ver muchos patos», es la cercanía. «Desde los dos observatorios se puede observar con mucho detalle, y sin molestar, a las aves». En total, hasta 250 especies, «muchas para un sitio tan pequeño». De especial interés, el somormujo lavanda, «que es en este en el único estuario de Asturias en el que se ven»; el cormorán grande y el moñudo, una especie marina y que en Avilés entra al interior «porque hay mucha comida y es la única ría en la que permanecen de forma continua». Y también algunos registros de espátula (una garza blanca) o del martín pescador, entre otros. «La gente alucina cuando ve a un martín pescador paseando por la ría», pero es bastante habitual verlo ya que pasa aquí el invierno y el pasado fin de semana, sin ir más lejos, «vimos cinco». Para Álvarez Laó es una señal clara «de la mejora de las condiciones ambientales». Rompió también una lanza a favor de las «denostadas gaviotas», que en el estuario se pueden ver en una amplísima variedad.

Señaló como uno de los puntos débiles que cuando sube la marea «no hay posaderos para que descansen las aves» y también el desconocimiento de la población que pasea con sus perros sueltos espantando a las aves. «Hay mucha presión porque es un entorno urbano», concedió.

Llodero, «la joya de la corona»

La ensenada de Llodero es la «joya de la corona» de la ría, el lugar donde se reúnen dos de cada tres pájaros acuáticos, y lamentó la pérdida antiguas marismas de Recastrón. Habló también del «éxito bestial de la cola de la ría desde que se retiraron fangos a partir de 2005» y de la «espectacular progresión de la fauna». No solo allí, sino en todo el estuario donde ahora hay cangrejos, mejillones y llámparas que han captado también la atención de los pescadores. Por eso, un aviso a navegantes: «Igual que está apareciendo la biodiversidad, también puede desaparecer si no le ponemos coto», advirtió un César Álvarez Laó que valoró el esfuerzo de las autoridades en la lucha contra la contaminación y la declaración de la ensenada de Llodero y del sistema dunar del Espartal como «espacios protegidos».

 

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