«Tenemos que aprovechar el patrimonio de nuestra Constitución»

«Tenemos que aprovechar el patrimonio de nuestra Constitución»
Francisco Caamaño, ayer en la Casa Municipal de Cultura de Avilés. / OMAR ANTUÑA

El exministro de Justicia Francisco Caamaño defiende una reforma para incorporar la idea federal para fortalecer unidad frente a las «tensiones actuales»

FERNANDO DEL BUSTO AVILÉS.

El catedrático de Derecho Constitucional y exministro de Justicia Francisco Caamaño defendió ayer la necesidad de reformar la Constitución Española para adaptarla a los tiempos actuales, incorporando una idea federal frente al estado de las autonomías vigente. Fue una de las aportaciones que ayer realizó en el auditorio de la Casa Municipal de Cultura, donde intervino en el ciclo sobre la Constitución organizado por la asociación cultural La Serrana.

Caamaño recordó que los textos legales se encuentran «para servir a las personas, no al revés», elogiando el desarrollo de la Constitución Española, que debe adaptarse a los tiempos actuales. En este sentido, rechazó la posibilidad de abrir un nuevo proceso constituyente. «La Constitución de 1978 ha prestado un enorme servicio a los españoles. Es la única Constitución que ha escrito su propia historia, con un patrimonio que no podemos desaprovechar», apuntó.

Para el ponente, la reforma se encuentra con un primer problema que se debería abordar, como son los mecanismos de reforma. Como se sabe, la Carta Magna cuenta con el denominado proceso complejo, que implica la disolución de las Cortes tras la aprobación por una mayoría cualificada; unas nuevas elecciones generales y un posterior referéndum. «En la práctica, este mecanismo hace inviable que se reforme. ¿Qué gobierno recién elegido va a disolver las Cortes?», se preguntó.

De esta manera, en la práctica surgen dos efectos perniciosos. El primero es que no se ponen en marcha reformas que socialmente no generarían ningún rechazo. El caso más evidente es la preeminencia del varón sobre la mujer en la sucesión de la Corona. El segundo es que «la política española invoca a la Constitución todo el día; la incorpora al juego político diario y eso no es bueno, porque la daña». Esa rigidez puede generar problemas a medio y largo plazo, por lo que el primer cambio que defiende es una reforma de los mecanismos de reforma para abordarla de una manera más sencilla, «como sucede en otros países».

«Un pacto de lealtad»

Ya en un plano teórico, pero avalado por su experiencia política, Caamaño defiende una reforma que convierta el estado autonómico en un estado federal. «Las autonomías sólo existen en España. Se parte desde un estado central hacia las autonomías. En los estados federales, la unidad surge por la suma de las partes. En sus inicios, los Estados Unidos no tenían la conciencia de nación que tienen ahora», comenta.

En su reflexión, asevera que ese proceso de suma genera «una lealtad de ciudadanos y territorios hacia la unidad; lo que no ha sucedido en España, donde el camino ha sido el inverso. Se ha generado desconfianza, la gente tiene miedo», afirma. Su propuesta implicaría una definición de España y las competencias de ámbito estatal, de toda la nación. «¿Por qué no decir que España, la monarquía española, está constituida por todas las comunidades autónomas con sus nombres y apellidos? A partir de ahí, se deberían fijar las competencias del Estado. Como español, debo tener la posibilidad de utilizar el español en todas las partes del país, dirigirme a la administración en español y recibir la respuesta en español», comentó. A partir de ahí se incluirían las competencias de ámbito estatal, como puede ser los ámbitos de seguridad o la diplomacia.

Caamaño no duda en su defensa del federalismo. «Los países más ricos y más desarrollados son federales, es el sistema menos corrupto. La federación facilita la innovación, una sociedad abierta, competitiva y dinámica. Si tenemos diferentes sistemas para gestionar lo mismo, podremos ver lo que es mejor. No hay que confundir la igualdad con la uniformidad», concluyó.

 

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