«Atacan nuestro colegio por una cuestión de racismo»

Varias familias se manifestaron ayer ante el centro escolar. /  A. L. J.
Varias familias se manifestaron ayer ante el centro escolar. / A. L. J.

Las familias del Virgen de las Mareas se manifestaron contra el cierre del centro previsto para dejar sitio al Centro Integrado del Deporte

ALEJANDRO L. JAMBRINAAVILÉS.

Al grito de «¡Nuestro colegio no se cierra!», las madres, padres y alumnos del Colegio Público Virgen de las Mareas se concentraron ayer al mediodía en la entrada del centro escolar para manifestar su firme oposición al cierre del colegio, previsto en el curso 2020-2021 para dejar sitio al Centro Integrado de Formación Profesional del Deporte, tal y como anunció a principio de año la Consejería de Educación.

El motivo principal que se les da a las familias para llevar a cabo este cambio es la baja matriculación durante los últimos cursos y la necesidad del espacio para otros proyectos. La previsión es trasladarlo a una nueva instalación en la escuela de educación infantil de Jardín de Cantos, que aún no se ha contratado, y ellos se niegan en rotundo a que sus hijos tengan que separarse e irse a otros centros de la ciudad que les quedan lejos de casa y les supondría un trastorno. «Nuestras familias llevan generaciones viniendo a este colegio, nosotros lo hemos mantenido con vida todos estos años y nunca hemos tenido ningún tipo de problema. Son 32 niños y niñas matriculados, de los cuales solo uno no es gitano y nosotros nos tememos que atacan este colegio en particular por una cuestión de racismo, agrupándonos aquí a todos los gitanos mientras que en los colegios de alrededor les sobran niños», denunciaba Ana Belén Jiménez, una de las madres.

Tanto su marido como sus cuatro hijos estudiaron en el Virgen de las Mareas, y ahora solo acude su hija pequeña, que además recibe apoyo por necesidades especiales «y llora cuando le decimos que va a tener que separarse de sus compañeros y dejar de tener a su profesora de apoyo que tanto nos ayuda», lamentaba. Lo cierto es que la mayoría de las familias denuncian que han sido rechazados en otros centros por el hecho de ser gitanos «y este es nuestro único lugar».

Conchi Loza lleva trabajando en el centro como limpiadora y gerente del comedor desde hace veintidós años y ahora teme por su empleo, al igual que la mayor parte del profesorado. «La desinformación es total, no nos dicen nada y nos arriesgamos a irnos al paro después de dos décadas de servicio», señalaba muy preocupada.

Desde la dirección han transmitido que el colegio se mantendrá abierto el próximo curso «con total seguridad», pero que allí se instalará el Centro Integrado Profesional del Deporte «y ellos no quieren compartir el espacio con nosotros ni se nos ha comunicado donde nos van a mandar», aseguraba Nadia Rozada, directora del colegio.

Ante esta noticia las familias mandaron un mensaje claro, «nos echarán del colegio, pero aquí no se van a hacer actividades deportivas y si hace falta nos encadenaremos a la puerta», gritaban enfadados.