El auditor advirtió en 2010 al Niemeyer de una «serie de incidencias»

Natalio Grueso, a su llegada ayer a la Audiencia Provincial. / PABLO LORENZANA
Natalio Grueso, a su llegada ayer a la Audiencia Provincial. / PABLO LORENZANA

El contable del despacho de José Luis Rebollo afirma que «salieron a la luz un montón de facturas de viajes cuando empezó Foro a gobernar»

C. DEL RÍOOVIEDO.

El auditor de las cuentas de 2009 de la Fundación Centro Niemeyer emitió junto al informe entregado en 2010 a su cliente una 'carta de recomendaciones' en la que recogía «una serie de incidencias» como libros de actas y contratos sin firmar o la ausencia de facturas y soporte para los pagos. Un documento que no forma parte de las cuentas anuales, pero que sí responde a la obligatoriedad «de comunicar las debilidades de control interno». Una carta que ayer, en la vigésimoprimera sesión del juicio por el 'caso Niemeyer' que se sigue en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial, se incorporó a la causa a petición del fiscal.

Este profesional explicó que el principal problema que encontró al abordar la auditoría fue la imposibilidad de «determinar la relación directa entre gasto y factura. No había manera de casarlo». Él solicitaba la información a la primera contable, pero imagino que María José (Mochales) llegaba hasta donde llegaba». La recomendación era, principalmente, «porque estaban subvencionados y era importante justificar el gasto». En su opinión, la contable «estaba completamente desbordada por el papeleo», algo que «para nosotros es muy importante, pero para la gente que se dedica a actividades creativas parece menos importante».

Que faltaba documentación es algo en lo que todos los testigos y peritos parecen coincidir. El primer auditor de las cuentas no pudo explicar por qué las auditorías de 2007 y 2008, que tuvieron que ser rectificadas al año siguiente con un asiento de regularización de 260.000 euros, no recogieron ninguna salvedad. «No lo sé, eran cuentas muy sencillas», insistió. Sí explicó, sin embargo, que decidió no auditar las de 2009 porque le dieron un plazo muy ajustado de trabajo, algo que a su sucesor no le pasó.

Miguel Argüelles, el contable del despacho profesional de José Luis Rebollo, que fue secretario de la Fundación Centro Niemeyer y es uno de los cinco acusados en este procedimiento por presuntos delitos societarios y de administración desleal, aclaró que solicitó mucha información al agente de Viajes el Corte Inglés (VECI) José María Vigil, también acusado, y a uno de sus superiores porque había gastos de 2009 que él no podía contabilizar para fijar la cuantía del asiento de regularización y cerrar las cuentas. Se llegó a la conclusión de que eran 260.000 euros, a pesar de que no pudo explicar por qué llegó a esta cantidad manejando unas facturas diferentes a las del perito de la Agencia Tributaria cuyo informe arroja el mismo saldo. En cualquier caso, se mantuvo al margen de un segundo reconocimiento de deuda por valor de 174.131 euros que firmó José Luis Rebollo con VECI en mayo de 2011. «Yo no estaba de acuerdo. No tiene apoyo documental. Es algo extra contable», aseguró.

Afloramiento de facturas

La dificultad que tenía para acceder a las facturas mejoró en 2012. «Es una realidad que salieron a la luz un montón de facturas de viajes que se habían realizado hace tiempo. Fue cuando empezó Foro a gobernar», afirmó. Además, compartió que «intuía que KPMG haría un informe con salvedades porque las cosas no se llevaban con mucha rigurosidad».

Él habló de intuición, pero el responsable del equipo auditor de KPMG que ayer también declaró, aseguró que en las auditorías se trabaja en estrecho contacto con el cliente, se le mantiene al tanto de los avances y se le envía previamente un borrador. En este caso se remitió el 3 de junio de 2011, un día antes de la celebración de un patronato en el que Rebollo no habría informado de que tendrían salvedades. La más importante, ausencia de soporte documental. Aseguró que en sus 'circularizaciones' con Viajes El Corte Inglés, la compañía no las envió.

Sí informó de una «petición verbal» de la Fundación para cambiar la auditoría ya cerrada con nueva información. Se negó pero, según le trasladó ayer el fiscal, otra firma corrigió su auditoría y la emitió sin las citadas salvedades.

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