Balbuena despoja de leyenda a Pelayo y reclama libros de texto actualizados

Balbuena, ayer en la charla. / M. A.
Balbuena, ayer en la charla. / M. A.

C. DEL RÍO AVILÉS.

Fernando Balbuena, doctor en Ciencias Políticas y Sociología, puso ayer a Pelayo en su sitio. Y no en un trono, sino en el de un caudillo local con propiedades que fue convertido en símbolo por un país necesitado de lustrar su historia reciente. «Es difícil decir que Pelayo fue un noble godo elegido por astures y cántabros. Eso es una leyenda. La escaramuza de Covadonga se originó por la recogida de tributos, aunque luego se quisiera vestir como guerra religiosa», aseveró el historiador en una charla titulada 'Los oscuros orígenes del reino astur, de la batalla de Covadonga a la Reconquista', pronunciada en el Rotary Club.

Balbuena explicó que la historia aprendida por varias generaciones ha sido superada por las nuevas investigaciones y, en este sentido, reivindicó la llevada a cabo en la Universidad de Oviedo por Javier Fernández Conde. «Desde Barbero y Vigil se han hecho muchas excavaciones y la arqueología da cuenta de que no fue todo tan sencillo. La guerra con los moros no fue por la religión. Desde Guadalete llegaron a Gijón en pocos años y plantearon unos pactos a los visigodos y a los nobles, de hecho muchos se convirtieron para pagar menos impuestos», afirmó.

Ese y no otro fue el origen de «la rebelión, la reconquista y la batalla de Covadonga, que se magnificó y se convirtió en un símbolo. Lo de la guerra de religión fue una cosa nuestra contra los moros», recalcó. El historiador también aclaró que «Pelayo no fue, ni mucho menos, el primer rey de Asturias, sino Alfonso I». Si se invocó así fue «para justificar la España perdida, la de Toledo, la visigoda, que se había reencarnado en Asturias».

Expulsar a los musulmanes de la Península costó ocho siglos, pero «fuimos el único país que logró que se marcharan. Si no hubiera sido así, ahora seríamos un país musulmán, pero sin petróleo», añadió.

Balbuena aseguró que «no todas las cosas que nos han contado son verdad y, de hecho, hoy se quieren justificar asuntos modernos con actitudes antiguas. Es lo que pasa en Cataluña. La historia es un elemento de dominación de los que mandan para justificar su manera de proceder».

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