«Con buenos hábitos de vida se podrían evitar la mitad de los cánceres»
El doctor Mario Margolles incide en la importancia de un estilo de vida saludable y atribuye a causas estructurales que muchos ciudadanos no puedan adoptarlos
El ciudadano sabe que una alimentación buena y variada, sin ingesta de alcohol ni hábito tabáquico, además de una rutina de ejercicio físico, contribuye a un buen estado de salud y, además, puede reducir la incidencia de ciertas enfermedades graves como el ictus y el cáncer. ¿Entonces, por qué no se llevan a cabo estas recomendaciones? Mario Margolles, médico especialista en medicina preventiva recientemente jubilado, no culpa totalmente al ciudadano y señala a un sistema que no siempre lo pone fácil. El experto fue el encargado, ayer, de ofrecer las recomendaciones para prevenir las enfermedades cerebrovasculares y el cáncer en la jornada 'Ictus y cáncer: Prevenir, cuidar, vivir', celebrada en el Palacio de Valdecarzana y organizada por la Asociación Española contra el Cáncer y la Asociación Ictus Asturias.
Margolles, además de la dieta, el alcohol, el tabaco y el sedentarismo, apuntó también a la exposición a la contaminación aérea así como a la sufrida en determinados ambientes laborales, sobre todo en cuanto a su repercusión en el cáncer
«Llevar una dieta sana es difícil. La mayoría de los ciudadanos saben esa información, pero hay que implantarla porque a veces no poder llevarla se debe a causas estructurales y de estilo de vida». Indicó que el 25% de los problemas de salud son genéticos, pero el resto «está condicionado por la sociedad donde nos ha tocado vivir» y eso quiere decir que las familias no comen exactamente lo que quieren sino lo que pueden. «El ciudadano toma 'elecciones' en función de su poder adquisitivo: la gente si no tiene dinero para determinado tipo de alimento irá a procesados y a alimentos más salados que suelen ser más baratos». Una tragedia teniendo en cuenta que «con buenos hábitos de vida se podrían evitar el 50% de los tumores y también una tasa muy alta de ictus, con todo lo que ello significa en términos de morbilidad y de secuelas».
Advirtió que tanto el tabaco como el alcohol son sustancias adictivas, sin embargo «el sistema facilita e impulsa fumar por primera vez», por no hablar del alcohol en una sociedad que acostumbra a vincular cualquier celebración con su ingesta. «Hay modelos de actuación comunitaria que pueden impedir el acceso a esas sustancias tóxicas como subir el precio o mandar mensajes específicos a toda la sociedad», señaló, porque lo más importante es «que no se inicie el consumo». «El consumo prolongado, no el esporádico, es el que va a suponer más riesgo en la salud. El 90% de los cánceres de pulmón son por consumo de tabaco. En Asturias fallecen al año 2.200 personas por consumo directo del tabaco, también tenemos el pasivo que en su momento estimamos en 300». La Ley Antitabaco de 2010 incidió en la reducción de su consumo y representa un ejemplo de esas políticas que pueden cambiar la estructura.
En el caso del alcohol, el doctor indicó que se le atribuyen 500 muertes directas. «Hay que cambiar la tendencia de asociar una celebración al consumo de alcohol, cuando además este está casi siempre detrás de los accidentes de tráfico y de las agresiones por violencia doméstica».
Insistió, por tanto, en «actuar a todos los niveles, haciendo promoción de la salud de verdad, tanto desde el punto de vista preventivo como identificando personas de riesgo para poder actuar y ayudarlas a dejar esa dependencia».