La ciencia y tecnología, garantes del futuro

EL catedrático Luis Enrique otero Carvajal protagonizó ayer el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS. /  MARIETA
EL catedrático Luis Enrique otero Carvajal protagonizó ayer el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS. / MARIETA

El catedrático Otero Carvajal cree que España no puede quedar acomodada en el sector servicios

C. DEL RÍO AVILÉS.

El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense, Luis Enrique Otero Carvajal, advirtió ayer de que no apostar por un sistema de ciencia y tecnología estable en plena revolución industrial, la que ha sido identificada como la cuarta, «tendrá consecuencias respecto al presente y futuro más inmediato». España se encuentra en posición de hacerlo, máxime después del esfuerzo económico inversor que se ha realizado en los últimos cuarenta años. El problema estriba en que «los políticos responden a las prioridades que manifiesta la sociedad y, por desgracia, esta no es consciente de que apostar por este sistema científico es hacerlo porque nuestro país juegue en las ligas mayores y no se quede acomodado en el sector servicios». «Es un orgullo ser líderes en turismo, pero es un sector de bajo valor añadido y con un empleo de baja calidad. Necesitamos invertir en sectores de alto valor añadido, que hoy en día están en la economía del conocimiento», reclamó en su intervención en el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS, coordinada por Mercedes de Soignie.

En el Centro de Servicios Universitarios, Otero Carvajal dibujó la precariedad de un sistema renqueante desde el mismo momento en el que se intentó montar, en el siglo XVIII. «Construir un sistema de ciencia y tecnología es complejo y exige el compromiso duradero de lo público, pero es una apuesta estratégica en el siglo XXI que ninguna sociedad que pretenda un crecimiento sostenido y sostenible puede prescindir y es algo no resuelto en España, que pudo haberlo construido hasta en tres ocasiones», señaló.

Las dos primeras fueron «sonoros fracasos» y la tercera, iniciada tras la Transición democrática, «adolece de problemas». La primera, en el siglo XVIII con la dinastía Borbónica en el torno, encontró la resistencia de sectores tradicionalistas, incluso de la Universidad de Salamanca. «Naufragó por el temor de las élites a que las ideas revolucionarias que estallaron en Francia pusieran en entredicho el orden establecido» y provocó el primer exilio científico, explicó.

A mediados del XIX, la Universidad era «un cero ala izquierda en el ámbito de la contribución al progreso de la ciencia, una situación denunciada por la Institución Libre de Enseñanza, que aglutinaba a una minoría ilustrada» y el primer sostén de un incipiente sistema que con la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, en 1907, dirigida por Santiago Ramón y Cajal, abrió la puerta a la esperanza. «La Junta nació de una coyuntura afortunada gracias a un gobierno puente liberal, pero estuvo a punto de no ser desarrollada». Pero sí lo fue y permitió un sistema de 'pensiones' (becas) que logró que «por primera vez, en los años treinta, España se incorporara a las investigaciones científicas internacionales, aunque fuera de manera modesta». Una «edad de plata» que interrumpió la Guerra Civil (1936-1939) y frenó el Franquismo, con una auténtica purga en las universidades. Así se llegó hasta la Transición que empezó solventando los déficits democráticos, antes de ocuparse seriamente de la enseñanza.

La inversión en educación comenzó a partir de los ochenta y se mantuvo de forma sostenida hasta el principio de la última crisis económica. España nunca ha llegado a estar al nivel del resto de países de la OCDE, pero ha logrado destacados avances. Incluso ahora, «a pesar de la recesión, la crisis, los recortes y la pérdida de puestos de trabajo de calidad en el sistema universitario y científico, la productividad se ha mantenido. En el ranking de publicaciones científicas, España alcanzó la novena posición en 2009 y solo ha retrocedido dos posiciones, mientras que los recursos a estudios superiores se han reducido en un 30%».

A su entender, estamos en un «momento crítico» en el que no se debería desaprovechar todo el esfuerzo inversor realizado tanto para lograr el retorno de los científicos españoles que «están en primera línea» como para atraer a extranjeros.

 

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