Cinco detenidos en una batalla campal entre la policía y una familia en La Carriona

Exterior del número 22 de la calle de Navarra, en cuayo bajo izquierda se celebraba la fiesta que causó la intervención policial en la noche del sábado. / MARIETA
Exterior del número 22 de la calle de Navarra, en cuayo bajo izquierda se celebraba la fiesta que causó la intervención policial en la noche del sábado. / MARIETA

Un vecino solicitó la presencia de las fuerzas del orden ante el ruido procedente de la vivienda en la que celebraban una fiesta

REDACCIÓN AVILÉS.

Los vecinos de la calle Navarra, en La Carriona, sufrieron en la noche del sábado un nuevo episodio de violencia protagonizada por una familia gitana residente en un piso que, según afirman, lleva «diez o doce años» alterando gravemente la convivencia en esta zona del barrio, una calle hasta entonces tranquila en la que la mayoría de los residentes son mayores, muchos de ellos mujeres que viven solas. En esta ocasión el episodio acabó en un violento enfrentamiento entre los integrantes de la referida familia y las fuerzas de seguridad.

El resultado, cinco detenidos, entre ellos una menor que ha sido puesta en libertad bajo la tutela de su progenitor, según confirmaron ayer a este periódico fuentes oficiales de la Policía Nacional. Los otros cuatro continuaban detenidos a la espera de ser puestos ante la autoridad judicial, posiblemente hoy lunes.

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A expensas de que concluyan las diligencias abiertas por la Policía Nacional, se enfrentan al menos a presuntos delitos de resistencia y agresión a la autoridad. Uno de ellos -una mujer- también a un delito de quebrantamiento de una orden de alejamiento de otra vecina que vive en la misma calle.

Todo sucedió en torno a la medianoche. Según los vecinos, la familia celebraba por todo lo alto en el interior de su vivienda del número 22 la visita de uno de sus integrantes que estaría disfrutando de un permiso penitenciario de fin de semana. «Serían unos catorce. Tenían la música a todo volumen y se oían voces, gritos y palmas por todas partes», asegura un vecino, receloso de que se revele su identidad. «Es que nos tienen atemorizados. No solo a mí, también al resto de la calle. Esto es un sin vivir».

Alguien decidió llamar a la Policía Local. «Vinieron dos coches. Los agentes picaron a la puerta, desconozco si les abrieron o no. Tampoco me atreví a mirar mucho, no vaya a ser». La cuestión es que, según su relato, el ruido procedente de la vivienda disminuyó. La tregua duró poco. «En cuanto se marchó la policía volvieron a poner la música a todo volumen, a dar palmas, a cantar y a gritar... Una cosa es contarlo y otra muy distinta padecerlo. El edificio retumbaba. Estamos hartos, llevamos así muchos años y no vemos solución». Entonces volvió a haber una llamada de teléfono a la Policía Local, que no tardó en regresar. Según fuentes municipales, ante la agresividad que mostraba la familia gitana solicitaron refuerzos a la Policía Nacional. Al final se juntaron allí cinco dotaciones.

Todo sucedió de forma rápida y confusa. «Fue muy gorda». Los vecinos sostienen que la familia gitana se enfrentó violentamente a la policía, hasta el punto de que alguno de los agentes se habría visto obligado a empuñar su arma de fuego reglamentaria. «Se tiraban contra ellos, les insultaban, les amenazaban, intentaban golpearles... Mucho más tampoco sé porque decidí bajar la ventana y meterme en casa, no vaya a ser que la cosa fuese a peor y también por miedo a posibles represalias. Aquí vivimos con miedo», asegura el vecino a LA VOZ DE AVILÉS.

Cuando finalmente se decidió a entreabrir la persiana «vi que habían reducido a varios de ellos. Los metieron en los coches y se los llevaron, mientras que otros agentes se quedaron en la calle buscando algo. Miraban con linternas debajo de los coches. No sé que, ni tampoco si lo encontraron». Un tiempo después los agentes daban por finalizado el despliegue y la tranquilidad regresaba a la calle Navarra del barrio de La Carriona.

Según fuentes municipales, el caos se desató cuando los agentes comprobaron que una de las personas -una mujer- que estaba en el domicilio incumplía de forma flagrante la orden de alejamiento de un residente en la misma calle, por lo que procedieron a su detención. Fue entonces cuando «sus familiares se abalanzaron sobre los agentes, llegando incluso a golpearlos». Ninguno de ellos sufrió heridas de consideración.

Calma tensa

A primera hora de la mañana de ayer daba la impresión de que allí no había sucedido nada. «Según dicen anoche hubo algo de jaleo, pero no sé más. Yo no vi nada, a esa hora estaba durmiendo», decían los escasos vecinos que a esas horas, al mediodía, caminaban por la calle, en la que no hay ningún bar ni establecimiento alguno de otro tipo. Solo viviendas de tres plantas.

Finalmente alguien entreabrió la ventana. «Yo se le puedo contar todo, pero por favor, no revele quien soy. Ni si quiera si soy hombre o mujer, joven o mayor. Esa gente es muy peligrosa». Una vez vencido su temor inicial relató con pelos y señales la pesadilla que viven los vecinos de la referida calle.

«Son 'okupas', trafican con droga, algo que aquí vemos todos, porque ni siquiera se molestan en disimular, y encima cobran el salario social o algún tipo de subsidio. Nos amenazan, nos insultan, deben 7.000 euros a la comunidad, golpean las puertas por las noches, y hace poco robaron cable y nos dejaron a todos sin luz. ¡Y luego tienen la caradura de llamarnos racistas! Pero yo ya hace tiempo que les he perdido el miedo. Eso sí, ando con un cúter, no vaya a ser».

La orden de alejamiento sobre un residente de la misma calle fue dictada «porque le pegaron. El juicio es el día 17 de este mes, a ver si de esta las meten en la cárcel una buena temporada. Y digo las porque quienes le pegaron fueron dos. La otra es la matriarca del clan». Dice su nombre de carrerilla, D. J. G, «que ya ha estado en prisión por tráfico de drogas. Quedó en libertad hace poco más de un año y desde entonces la situación va de mal en peor. Y también pegaron a una mujer de 93 años», añade repentinamente.

La familia es bien conocida por la Policía. «De vez en cuando vienen por aquí y pican a su puerta, pero se van por la ventana de atrás». También el Ayuntamiento es conocedor del tenso ambiente que se vive en la calle Navarra. Se lo hemos comunicado todo de palabra y por escrito, pero nada. Esto es una vergüenza, de traca. Si viene Pedro Almodóvar a rodar una película gana un Goya», concluye, no sin ironía, el único residente de la calle Navarra que ayer se atrevió a narrar la pesadilla que sufre el vecindario.

 

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