Los comerciantes de la calle Rivero de Avilés piden medidas para dinamizar la zona

:: FOTOS: OMAR ANTUÑA/
:: FOTOS: OMAR ANTUÑA

Buena parte de los negocios tradicionales han cerrado, y muchos de los que se instalan ahora apenas logran alcanzar el año de vida

ÁLVARO F. SÁNCHEZAVILÉS.

La calle de Rivero es una de las más concurridas de Avilés, se trata de uno de los accesos principales de la ciudad para los vecinos de la zona de la Magdalena, Versalles y las zonas próximas a esta última. También al tratarse de una calle peatonal hace que sean muchas las personas que transitan todos los días por esa vía, ya sea dirección al Ayuntamiento o dirección Versalles. Pero, sin embargo, y pese a tener tal cantidad de transeúntes al día, la gran mayoría de locales comerciales están cerrados y muchos de los negocios que se han abierto en los últimos años por la zona apenas han llegado al año de vida. Los comerciantes piden medidas que contribuyan a dinamizar de nuevo la zona, que se tenga a Rivero en cuenta cuando se programan actividades festivas y que se organicen eventos que logren atraer a gente a esta parte de la ciudad para quedarse y no limitarse a pasar de largo.

Hace ahora exactamente veinticinco años se celebraba el final del proceso de rehabilitación de la calle y se publicaba en este mismo diario cómo los comercios y vecinos de la zona lo celebraban. Veinticinco años después pocos comercios de aquella época se mantienen abiertos, aunque algunos resisten cómo es el caso de la Joyería Abella, que lleva más de cuarenta años vendiendo y reparando relojes y diferentes objetos de bisutería. Nuria Abella, que pertenece a la segunda generación de joyeros, explica que «en los últimos años ha sido un bajón brutal, la gente ahora compra por internet y eso a los pequeños comercios locales nos va mermando poco a poco hasta llegar a un punto casi agobiante».

Abella también señala que «el Ayuntamiento no tiene en cuenta la calle de Rivero para ninguna fiesta, sin ir más lejos la calle de la Ferrería es similar a está y no para de tener eventos». Abella asegura que las dificultades que ya sufre un comercio local, sumadas al abandono de la calle, suponen el fin de muchas tiendas. «De cada veinte personas que entran solo se hace negocio con cinco de ellas», afirma.

La misma sensación de abandono siente Luisa García, propietaria y dependienta de la tienda de bolsos y complementos Tafilete. «Date cuenta de que cuando vienen las bandas del Intercéltico se pasean por el Ayuntamiento, La Cámara y las Meanas, pero Rivero nunca es una calle que se contemple para este tipo de eventos», lamenta. «Hasta hace poco cuando había eventos o fiestas incluso ponían los escenarios de orquestas y conciertos dando la espalda a Rivero, era cómo si nos cerraran».

El negocio más longevo y que sigue resistiendo pese al paso de los años es la carnicería Delfina. Hasta el momento han sido cuatro generaciones las que han despachado a todos los avilesinos que acudían a la tienda en busca de diferentes productos cárnicos. Un total de 85 años al frente del negocio, de los cuales más de treinta los trabajó Maripaz Alvarez, que pertenece a la segunda generación de carniceros. «Las grandes empresas se comen a las pequeñas, por que pueden comerciar con la materia en grandes cantidades y eso les dota con la posibilidad de llevar a cabo mejores ofertas», argumenta para explicar uno de los grandes problemas del pequeño comercio.

Alvarez también relata cómo ha cambiado su clientela en los últimos tiempos. «Hace años venía gente de fiestas de muchos pueblos de Avilés y comarca, llegaban y compraban grandes piezas de carne, pero ahora ya no se vende como antes, aunque seguimos teniendo una gran cantidad de clientes que confían en nosotros», en cuanto a la cantidad de negocios cerrados Alvarez afirma que «no se pueden asumir las rentas tan altas en los tiempos que corren, todos debemos ajustarnos a la realidad que hay». Su nieto, Pablo Cueto, asegura que «desde hace seis o siete años para aquí las ventas han bajado un 40 o 50 por ciento», una cifra importante que hace tambalearse a cualquier negocio.

Otros comerciantes de la zona como María García, dependienta de la confitería Polledo, otro de los negocios con más historia de Rivero, asegura que no es una cuestión solo de esta céntrica y pintoresca calle, sino que se trata de un bajón de ventas a nivel local. «Avilés está abandonada, cada vez queda menos gente», señala. Otros, por el contrario aseguran que se trata de rachas, como el caso de Anhara García, quién se encuentra tras el mostrador de Rivero 23. «Lo normal un día es que entren unas sesenta personas más o menos en la tienda, aunque también es cierto que puede entrar un grupo de cinco personas y solo compra una», asegura la dependienta, quién también señala que «luego hay días excepcionales cómo el lunes, que con los conciertos del festival 'Avilés Suena Bien' tuve gente desde las seis de la tarde hasta el cierre, pero eso es algo que solo ocurre en eventos especiales. El lunes casi parecía Navidad».

«Ahora está muy tranquilo»

Los vecinos de la calle también han notado un cambio importante en los últimos veinticinco años. «Antes Rivero era un referente de Avilés, un punto neurálgico del ocio nocturno, llegaban las nueve de la noche y la calle se llenaba de gente, era imposible pasar» aseguraban los vecinos de la zona, quienes también señalaron que «al haberse vuelto una zona tan tranquila en la que apenas quedan cinco bares, también se ha calmado la actividad comercial por que, quieras o no, el que venía a tomar algo siempre tenía un escaparate que ver, ahora ya ni eso». La hostelería que resiste en la zona también ha experimentado los efectos de este bajón en los últimos años. «Aquí los bares aguantan durante los periodos escolares y académicos por que los centros educativos que de la zona nos abastecen de clientes, pero durante el verano se nota muchísimo la diferencia, hay muchísima menos gente» aseguran los hosteleros de la zona.

Más información