«Para el comercio no existe una competencia más dura que internet»

Daniel Pérez, en un partido con el Belenos en el Muro de Zaro
Ramón Arbesuk, en el Centro Asturiano de La Habana. / MARIETA

Ramón Arbesuk, expresidente de la Unión de Comerciantes de Avilés: «Avilés no encuentra el norte, lucha por el turismo, pero sin especializarse. Podría ser un buen destino para los niños»

FERNANDO DEL BUSTO AVILÉS.

La palabra descanso no aparece en el diccionario vital de Ramón Arbesuk (Avilés, 1937), expresidente de la Unión de Comerciantes de Avilés (UCAYC) y, desde hace doce años, al frente del Centro Asturiano de La Habana. Hace un alto en el camino para recordar su trayectoria en el asociacionismo empresarial y reflexionar sobre el comercio y la ciudad.

-¿Cómo llega a la Unión de Comerciantes?

-La Unión de Comerciantes se crea por el Impuesto de Actividades Económicas. Se armó una revolución en el comercio. Recuerdo reuniones multitudinarias en el Tayko. Allí nació la Unión de Comerciantes. Se hizo una gestora y el primer presidente fue Domingo Huerta, el fotógrafo. Yo estaba en la directiva, como vocal, representando al comercio de muebles. En ese momento nos organizábamos por gremios.

-¿Y la presidencia?

-Huerta dimitió al poco tiempo, y le sucedió Julio de la Torre, luego Paco Menéndez, Julián Rus... Hubo elecciones, me presenté y gané por una amplia mayoría. Ya sabes, llegas empiezas a hacer cosas y más cosas.

-¿Por ejemplo?

-Nació toda la actual estructura de la Unión de Comerciantes, ofreciendo un apoyo legal y de asesoría fiscal que no existía antes. Y una cuestión reivindicativa permanente ante el Ayuntamiento. Además de crear cosas, como la primera tarjeta de crédito de una asociación de comerciantes.

-La tarjeta UCAYC.

-Sí. No había tarjetas de asociaciones, tenías las del banco. En esa época no había en España. Logramos que la gestionase Mastercard. No fue sencillo. Quisimos hacerla con la Caja de Ahorros. Fuimos a ver al director a Oviedo y, prácticamente, se río de nosotros. ¿Cómo queréis hacerla con Mastercard, si no lo conoce nadie?

-Recuerdo que fue un exitazo.

-Sí. Rotundo. Nos costó mucho trabajo. Mastercard estaba encantado con nosotros. Aunque nos costó mucho trabajo. No entendían el logotipo, con la cruz. Fueron muy exigentes, porque teníamos que tener el visto bueno de Bruselas y de Estados Unidos.

-La lucha contra las grandes superficies fue una batalla constante, comenzando por el antiguo Simago, el centro de Las Meanas.

-Ahí tuve muchas confrontaciones. No se puede luchar con los tiempos. Hay que evolucionar y adaptarse a los tiempos. Tuve muchos conflictos. Recuerdo que se manifestaban frente a El Atrio y fui a decirles que no hiciesen el tonto. Era para un supermercado y el pequeño comercio. Con Parque Astur también tuve mucho problema porque lo defendí. Logramos condiciones ventajosas para que el que se quisiese establecer. Algunos pensaron que me habían dado un maletín, algo totalmente falso.

-Sin embargo, rechazaron el proyecto de centro comercial en Las Meanas.

-No fue tanto por la gran superficie como por robarnos terreno público, que era lo que pretendía el Ayuntamiento. Ahí hubo mucha tergiversación. También hicieron algo parecido con El Atrio, donde se comieron una calle hacia Las Meanas y nadie lo defendió. Nosotros lo defendimos porque no veíamos que ese terreno dejase de ser público. Lo que sobraba eran terrenos. Al final el Consejo de Estado nos dio la razón, lo rechazó. El informe decía había que elaborar un nuevo Plan General y mantener esos mismos metros públicos en el centro.

-¿Y cómo sería Avilés con El Corte Inglés ahí, en Las Meanas?

-No lo sabemos, pero no era para El Corte Inglés. Estaba una empresa hispana. Nunca estuvo El Corte Inglés. Es falso. Tuvo otras oportunidades en Avilés. En los terrenos donde actualmente se encuentra el Mercadona, sé que hubo negociaciones para construir un centro con su idea de negocio, pero al final el terreno se lo llevaron los Hermanos Montes que construyeron. También tuvo una oportunidad extraordinaria en la finca de Pedregal. Y ahí están los terrenos, muertos de risa.

-Sin embargo, al final el problema del pequeño comercio no son las grandes superficies, sino la venta electrónica. ¿Qué se puede hacer?

-Debe enfrentarse a eso. La Unión de Comerciantes debe evolucionar. Ha evolucionado muy poco. Vive de las rentas y ni siquiera, porque ha renunciado a las ferias que nosotros creamos en un momento que la Cámara de Comercio era un ser inmóvil. Nos metimos en ese laberinto con Expomotor y la Feria de Muestras de Avilés.

-Nos desviamos de la relación del pequeño comercio con el mercado digital.

-Está muy difícil. O tienes un establecimiento muy potente, muy bien situado, o tienes muchas dificultades. No existe una competencia más dura que la de internet. No es fácil abrir un comercio, hay que saber mucho y definir muy bien el producto que quieres vender.

-¿Cómo ve el comercio en Avilés?

-Yo siempre he sido un amante del comercio de ciudad. No por haber presidido la UCAYC. Es un bien cultural que se debe valorar en todo su contexto. No es sólo comprar y vender. Tiene una función social de primer orden. Imagina Avilés sin comercio y sin hostelería. La ciudad no sería nada. En ese sentido, creo que la gente es un poco ingrata y debería apoyar más al comercio.

-Usted deja la UCAYC hace unos veinte años.

-Fue una lucha intestina en la que no quise entrar. Decían que tocaba por jubilación, pero al cumplir 65 años, no cerré el comercio. Ahí sigue abierto, con 52 años. No lo entendí muy bien, pero mucha gente decía que no podía seguir. No quise entrar, así que me jubilé y me fui. Pero sigo siendo socio de la UCAYC. Debemos ser de los más veteranos. La Unión debe evolucionar, pegar un cambio radical y adaptarse a los tiempos. De lo contrario estará perdida. La gente joven debería asociarse más.

-Una vez jubilado, ¿no le tentaron de la política?

-No. Sabían que no. Ya había tenido tentaciones anteriores. Fui concejal en la primera legislatura, con UCD. Ganamos las elecciones con Ricardo Roces como candidato. Salí escaldado de esa experiencia y no quise repetir.

-¿Qué le quemó?

-No hacían más que insultarnos. Nos llamaban fascistas. Era la primera vez que me pasaba. No entendía nada. La estrategia del insulto fue buena porque al final todos lo dejamos. No íbamos a buscar nada. Incluso donamos las dietas del Ayuntamiento. No fui el único concejal de UCD, también lo hicieron otros compañeros. En mi caso fue al Asilo. No sé porqué aguantamos hasta el final. Supongo que sería por ética, por respeto a nuestros votantes.

-¿Cómo ve a la ciudad?

-La ciudad no encuentra el norte. Luchamos por el turismo pero, ¿en qué especialidad? Tenemos que centrarlo en algo concreto. Debemos ver todos los recursos de la ciudad, sus potenciales para centrarnos ahí. Existen muchas opciones.

-Venga, mójese.

-No. Sería meterme donde me llaman.

-Al menos, ¿puede decirme una?

-Avilés se amolda bien a ser la ciudad de los niños. Habría que trabajar en todos los contextos: colegios, parques, estructura, vigilancia... Actualmente es hostil hacia los niños con la moto y el coche, me refiero caminando, más próximo... Y si vienen niños vienen padres. Como el que se especializa en los perros. Hace años era impensable pensar en hoteles con perros y ahí están.

-¿Y el turismo cultural? Están festivales como el Celsius, el teatro.

-Puede ser, sí. Pero hoy todas las ciudades mayores que la nuestra lo pueden ofrecer. Al final es cuestión de dinero. Avilés tiene infraestructura para ofrecer una buena programación cultural, pero no tiene dinero. ¿Cuánto luchamos y cuántas esperanzas rotas con el Niemeyer que iba a ser el motor de la ciudad? Y no lo fue porque se enfangó y, luego, no hay recursos. Con el presupuesto que tienen bastante hacen. Si te especializas en algo, debe ser en un campo donde te puedas mantener. Y, en cultura, es difícil mantenerse sin grandes presupuestos. Aunque en la ciudad existen casos de elogio.

-¿En concreto?

-Mira lo que hizo Antonio Ripoll en la Casa Municipal de Cultura con un presupuesto tan pequeño. El pueblo de Avilés no le ha hecho el homenaje que se merecía. Se merecía algo, un reconocimiento público. Como Marino Soria en la Filarmónica o Chema. Mira lo que han hecho por la ciudad. No sabemos reconocer a los que trabajan por Avilés. Somos muy despegados.

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