La costera del bonito marca récord con 1,6 millones de kilos rulados en Avilés

El 'Berriz Amatxo' se preparara para salir a pescar bonito. A lo largo de la costera subastaron en Avilés 79 barcos./ MARIETA
El 'Berriz Amatxo' se preparara para salir a pescar bonito. A lo largo de la costera subastaron en Avilés 79 barcos. / MARIETA

Supera a Burela, es un 30% más que el año pasado y el 69% del total desembarcado en Asturias y la facturación alcanza los 6,4 millones

J. F. GALÁNAVILÉS.

La lonja de Avilés subastó a lo largo de la costera 1,6 millones de kilos de bonito, la cifra más alta de los últimos años. Es un 30% más que en la anterior y tanto como en las de 2017 y 2016 juntas, y supone el 69% del total subastado en toda Asturias, 2,3 millones de kilos. A modo de comparación Burela, uno de los puertos gallegos de referencia, se quedó en 1,2 millones, las lonjas del País Vasco superaron los seis millones y las de Cantabria no se quedaron muy atrás. La diferencia estriba en que la mayor parte del bonito subastado en ambas comunidades es de tanqueo, cebo vivo, mientras que en Avilés es de cacea, el arte más selectivo. Del total, más de una tonelada procedían de buques incluidos en el certificado de la pesquería de bonito del norte artesanal.

Al igual que el año pasado se pescó mucho en poco tiempo y la costera se cerró con gran antelación a lo habitual, el 27 de agosto, al agotarse la cuota asignada a la flota del Cantábrico y de Canarias, dieciséis millones de kilos, un 10% más que el año anterior. De cara a la próxima algunas cofradías solicitan una nueva revisión al alza y otras, las vascas, que la cuota se distribuya por autonomías.

La elevada oferta arrastró el precio a la baja. En Avilés el medio se quedó en torno a los 3,8 euros, unos sesenta céntimos menos que la anterior, descenso que no ha impedido que la facturación también fuese de récord, alcanzando los 6,4 millones de euros, 1,3 más que en 2018. Con todo, la sensación que queda en el sector es que la costera se cerró en el mejor momento, con mucho pescado en el mar y cercano a la costa.

«Tendré que parar un barco y echar gente. No nos dejan pescar», lamenta Álvarez Garaot

La temporada ya había comenzado con récord, el del precio pagado por el primer bonito de la costera, mejor dicho por la primera tina, nada menos que 330 euros el kilo, treinta más que el año pasado, cuando a su vez se había batido con holgura el tope anterior, 200,8 euros, establecido en 2016.

Corría el 30 de mayo, y las capturas no se hicieron esperar. Si junio se cerró con 166.063 kilos, en julio, con el bonito ya metido de lleno en el Golfo de Vizcaya, se superaron las mejores previsiones, 874.197 kilos, más que en el total de las costeras de 2017 y 2016 y poco menos que en la de 2015. En agosto, el mes del bonito por excelencia, la cifra fue inferior, 573.909 kilos, si bien hay que tener en cuenta que hubo cinco días menos de pesca.

Lo que ya se veía venir desde semanas atrás llegó a las cero horas del martes 27 de agosto, fecha en la que se decretó el cierre de la pesquería. La última subasta en Avilés se celebraría el lunes siguiente, 2 de septiembre, 22.000 kilos desembarcados por el 'Esmeralda Tercero' y el 'Berriz Amatxo' , dos de los tres barcos que, junto al 'Goinkale', habían dado casi tres meses atrás el banderazo de salida. En la campaña participaron 79 y se realizaron 345 desembarcos.

El bonito supuso el 49% del los ingresos totales de agosto en la lonja, 4,447.572 euros, unos 350.000 que en el mismo mes que el año anterior. La merluza, por su parte, se mantuvo en números similares, 295.000 kilos, con el añadido de que el precio medio subió de 3,65 a 4,35, generando unos ingresos por primera venta de 1,23 millones, el 28,7%.

La flota encara la llegada del otoño con incertidumbre. Ya no hay bonito, actividad que hasta hace dos años se mantenía hasta octubre o incluso noviembre, y la sardina y el bocarte también están cerrados. Ante esta situación, que se suma a la brevedad de la campaña de la caballa, el sector, tanto el extractivo como el comercializador, solicita medidas urgentes.

«Nosotros vamos a preparar un barco para el palangre y a parar el otro. Si no nos dejan pescar no hay otra alternativa. Tendrá que echar gente al paro», lamenta Fidel Alvarez, armador y patrón del 'Esmeralda Tercero' y del 'Berriz Amatxo'.

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