«Debemos soñar con un futuro en el que la esclavitud sea cosa del pasado»

Mercedes de Soignie y Carla Rubiera, durante la conferencia. /  OMAR ANTUÑA
Mercedes de Soignie y Carla Rubiera, durante la conferencia. / OMAR ANTUÑA

La historiadora, Carla Rubiera, analizó ayer la esclavitud infantil en la Roma antigua en el del Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS

ALEJANDRO L. JAMBRINAAVILÉS.

«Vamos a tener que viajar al pasado, a una de esas pocas sociedades catalogadas como esclavistas pero que, lamentablemente, aún tiene nexos con el presente». Con esta declaración de intenciones comenzó ayer su ponencia la historiadora del arte de la Universidad de Oviedo, Carla Rubiera. Lo hizo bajo el título 'Las huella de la esclavitud infantil en la sociedad romana antigua' y en el marco del Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS que coordina Mercedes de Soignie.

Rubiera compartió ante una treintena de asistentes parte de su trabajo en la comunidad universitaria, en el que investiga sobre la esclavitud infantil entre los siglos I a. C. y III d. C. «Era una época en la que los esclavos no eran tratados como personas, se asemejaban más a objetos o animales, con los que compartían derechos», destaca la investigadora. Gran parte de es sociedad esclavista fue fruto de las conquistas militares del gran imperio romano que todos conocemos, el de los emperadores y el César, que generaban infinidad de esclavos de guerra. «Los ejércitos llegaban a un pueblo, lo invadían y se llevaban a los niños en un carro a un lugar desconocido en el que pasaban a ser propiedad de una familia rica. Terminaban con su libertad».

Rubiera hizo uso de infinidad de iconografía antigua y pinturas del siglo XIX en la que ya se retrataba «con una gran carga emotiva» a los esclavos. Ahora bien, según la investigadora la esclavitud es heterogénea y había por entonces diferentes tipos de esclavos. La familia a la que sirviesen, la edad o el género eran factores fundamentales, «las mujeres y las niñas siempre eran el eslabón más débil, se las violaba, se las hacía trabajar e incluso había una esclavitud biológica, las mujeres eran utilizadas para procrear», destaca Rubiera.

En la Roma antigua el concepto de familia no existía para los esclavos, un concepto en el que la historiadora incidió mucho en su ponencia de ayer. «Las familias se rompían desde el nacimiento, separaban a los hijos de las madres y los vendían por separado. Además, se les intentaba esclavizar desde pequeños para que no conociesen la libertad y hubiese menos riesgo de que se portasen mal o se revelasen», asegura. Además, quienes nacían de madre esclava también eran esclavos toda su vida.

Rubiera mostró a los presentes varios ejemplos reales y bastante angustiosos, como el contrato de venta de Tasia, una niña esclava «que se encontraron en la calle sin familia y la vendieron a los seis años. Quizá era libre pero no importaba si suponía un beneficio económico», aseguró Rubiera. Otros ejemplos sin nombres propios, pero igual de duros, pudieron conocer quienes asistieron a la ponencia. «Los investigadores y arqueólogos fueron encontrando pequeños collares de perro, similares a los de ahora, en los que había unas chapas solicitando la devolución a su dueño si se encontraba. Hasta que hace unos años se dieron cuenta que no eran de perros, eran de niños que habían vivido como esclavos», relataba.

Para finalizar su ponencia, Rubiera regresó al presente para recordar que el 16 de abril se celebra el 'Día mundial contra la esclavitud infantil' «porque aún existen muchos países en los que la esclavitud sigue existiendo, no se respetan los derechos humanos y en el resto del mundo nos aprovechamos de un modo u otro de esta situación, la permitimos», lamentaba.

La historiadora cerró su intervención con un gran aplauso y la interacción con un público entregado en una ronda de preguntas y respuestas. Y con una nota de esperanza: «Esta es la realidad, debemos soñar con un futuro en el que la esclavitud sea realmente cosa del pasado», concluyó.