El desarrollo urbanístico de Gaxín espera al plan de vías y la solución a la ronda norte

Los terrenos de Gaxín en los que se proyectaba la construcción de 3.300 viviendas tanto libres como protegidas. /  MARIETA
Los terrenos de Gaxín en los que se proyectaba la construcción de 3.300 viviendas tanto libres como protegidas. / MARIETA

La incorporación de la Sareb no revitalizará un proyecto que todas las partes consideran inviable en la actualidad

FERNANDO DEL BUSTO

La incorporación de la Sociedad de gestión de activos procedentes de la reestructuración bancaria (Sareb) como propietario mayoritario en los conocidos como suelos de Gaxín no afectará a su desarrollo a corto y medio plazo, ya que, según todas las fuentes consultadas, seguirá como en la actualidad, es decir, paralizado. La Sareb ya contaba con una participación en este urbanizable prioritaria al hacerse con los terrenos de Bruesa, a raíz de la crisis económica y que rondaba el tres por ciento del suelo.

Con la adquisición de los terrenos de Anjoca, realizada hace un año aunque ha trascendido ahora, Sareb se convierte en el propietario mayoritario con un 39% del suelo para urbanizar, pero su gestión siempre ha sido comercializadora, nunca promotora. Además, necesitaría la participación de otros propietarios para alcanzar ese 50% que necesita para que la junta de compensación ponga en marcha el proceso administrativo que termine llevando las máquinas a los terrenos de Gaxín.

Sin embargo, tres grandes razones permiten que todo el mundo vinculado a la actuación asegure que no se hará nada. Son razones que se vinculan entre sí y refuerzan mutuamente para mantener la actual parálisis.

El sector privado no encuentra rentabilidad por la altísima inversión y el estrecho margen Se asume la necesidad de introducir cambios en el planteamiento de los suelos

La primera es la incertidumbre por el desarrollo del propio suelo. Entre las posibles actuaciones para la eliminación de la barrera ferroviaria en Avilés aparece un nuevo trazado que afectaría a Gaxín y también está por conocer la repercusión de la ronda norte.

Hasta que no se conozca con exactitud que sucederá con ambos proyectos, no se moverá un papel. Cualquier incorporación afectará a la previsión de viviendas (entre 3.000-3.300), diseño de las carreteras interiores, en suma, toda la planificación urbanística. Al margen de la posible incidencia en el coste del suelo para posibles expropiaciones.

A ello se une que la actual planificación plantea el desarrollo conjunto de la actuación, con el problema que genera de una inversión millonaria que deberán asumir los promotores privados. La inversión necesaria es la segunda gran causa que bloquea esta actuación.

No se puede olvidar la compleja orografía del terreno, la necesidad de dotar a la zona de servicios básicos (saneamiento, agua, electricidad, gas), además del coste de la carretera de cuatro carriles que debe conectar el Hospital Universitario San Agustín con la Variante... En suma, una cantidad muy elevada para las empresas que están en la junta de compensación y que nadie parece dispuesto a asumir.

El tercer y último problema es el escaso margen económico para los promotores. La totalidad de los promotores locales se encuentran implicados en este proyecto y ninguna asegura que la operación sea fácil ni les vayan a salir las cuentas.

Más aún en la actual situación del mercado, cuando las promociones van saliendo una a una, no como en 2006, cuando se aprobó el Plan General que incluía este urbanizable prioritario, en el que se lanzaban varias tandas de edificios al mercado sin problema.

En este contexto, el horizonte más lógico pasa por esperar a que se conozca la influencia de las grandes infraestructuras en esta zona y, posteriormente, introducir los cambios necesarios en el planeamiento. En función de su magnitud, podrían necesitar una revisión del Plan General o una nueva redacción.

A partir de ahí, habría que ver cómo queda Gaxín y la manera de programar las construcciones. Si se mantiene la actual tendencia del mercado, todo apunta a que será con actuaciones más pequeñas, que permitan un desarrollo progresivo, modulando las cargas urbanísticas y en un marco temporal mucho más amplio.