El dulce adiós de la confitería Rubín de Avilés

Fachada de Rubín en la calle de Doctor Graiño. / OMAR ANTUÑA
Fachada de Rubín en la calle de Doctor Graiño. / OMAR ANTUÑA

El establecimiento de la calle Doctor Graíño cierra tras casi treinta años de trabajo | El éxito de la nueva empresa de congelados de su propietario en Logrezana lleva al local hostelero a bajar la persiana a finales de mes

R. ARIAS / A. SANTOSAVILÉS.

La popular confiteria Rubín de la calle doctor Graíño cerrará sus puertas el próximo día 30 de junio, treinta años después de su nacimiento y de haberse consolidado como uno de los establecimientos de referencia en la zona de Las Meanas. El local ya ha sido puesto en alquiler con vistas a que otro comerciante, de cualquier sector, pueda instalarse en él.

El éxito de la nueva empresa de congelados de su propietario, Javier Rubín, es lo que ha motivado la decisión de poner fin a una etapa empresarial y al negocio que dio origen a un grupo empresarial cada vez más grande y diversificado que incluye no solo una planta de congelados ubicada en el polígono de Logrezana, sino también la primera fábrica de sushi del norte de España y la distribución de productos gourmet y de alimentación oriental, donde son referencia en la zona. El Grupo Rubín distribuye, además, diverso material, maquinaria y mobiliario para establecimientos de hostelería.

El propietario ofreció a los empleados hacerse cargo de la confitería, pero la idea no cuajó, de modo que finalmente se decidió el cierre. El establecimeinto contaba con siete trabajadores, de los que tres pasarán a desarrollar otras labores profesionales en la empresa de congelados, otros tres ya han encontrado otro puesto de trabajo, y el séptimo, que finalizaba su contrato a principios de julio, ya había hecho planes para mudarse fuera de Asturias, de modo que no habrá salidas traumáticas.

El grupo Rubín dio un salto hace alrededor de año y medio, cuando adquirió las que habían sido las instalaciones de la empresa de congelados Namare e inició una ampliación de la nave para destinar más espacio a cámaras frigoríficas. La mayor parte de los mil metros cuadrados que ocupa se destinan a xarda, que posteriormente se vende a la granja de atún rojo de Balfegó, en Tarragona, que captura ejemplares en el mar y los engorda en sus instalaciones acuícolas durante un tiempo aproximado de un año hasta que están listos para su comercialización.

Además está también especializado en el procesado de lubina, que distribuirá a los cinco continentes gracias a un acuerdo con el productor canario Aquanaria, que tiene instalaciones en Cantabria.