Las enseñanzas de los seres vivos en la vida cotidiana

Marlen López, con uno de los grupos del Marcos del Torniello que ayer disfrutaron del taller. / MARIETA
Marlen López, con uno de los grupos del Marcos del Torniello que ayer disfrutaron del taller. / MARIETA

Tres cursos del colegio Marcos del Torniello asisten a un taller sobre biomímesis en el Centro de Servicios Universitarios | Los alumnos conocieron los «superpoderes» de algunas especiales animales y vegetales imitadas por los humanos

C. R.AVILÉS.

Alumnos de primero, tercero y quinto de primaria del Colegio Público Marcos del Torniello asistieron ayer a un taller de biomímesis en el Centro de Servicios Universitarios o qué y cómo aplicar las funcionalidades y adaptaciones de algunas especies vegetales y animales en nuestra vida cotidiana. Todo un descubrimiento para los pequeños de algunos «superpoderes» insospechados.

Marlén López y Ramón Rubio, del equipo MediaLab de la Universidad de Oviedo, recorrieron con ellos en primer lugar la exposición Illustraciencia 6, con láminas científicas del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Fue una primera aproximación antes de adentrarse en los objetivos de la ilustración científica y el verdadero objetivo del taller, los «superpoderes».

Con la ayuda de un álbum y algunos cromos desvelaron a los expectantes asistentes el origen, por ejemplo, del velcro que usan en sus playeros, mochilas y estuches, entre otros. López y Rubio les explicaron que los inventores humanos encontraron inspiración en la naturaleza, concretamente en el cardo alpino. Fue un ingeniero suizo, George de Mestral, el que tuvo la curiosidad suficiente para analizar y estudiar aquellas flores de cardo que se le pegaban a los pantalones cada vez que daba un paseo.

Descubrir las propiedades de la piel del tiburón fue lo que más gustó a la mayoría

Aunque singular, lo más llamativo para la mayoría fue descubrir pro qué el tiburón es tan rápido. El secreto está en su piel y en unas finísimas escamas, imperceptibles para el ojo humano, que eriza para originar pequeños 'pozos' en la piel que reducen la fuerza de rozamiento con el agua. Un sistema similar al de las pelotas de golf. Iosu, de seis años, destacaba ese descubrimiento sobre otros de las plantas o del martín pescador. «Lo del traje del tiburón es lo que más mola», confesaba al final de un taller que también desveló los secretos de la flor de loto.

El botánico alemán Wilhelm Barthlott descubrió en el microscopio en 1988 la estructura de la cutícula de las plantas, una compleja topografía de formas arquitectónicas que le sirvió para desarrollar y patentar el 'efecto-loto', presentado al público once años después. Se colocó en muchos productos de recubrimiento, aunque el más conocido es la pintura 'lotusan'.