Entrega la tapa de alcantarilla con la que robaron en su bar de Avilés y acaba haciendo el test de alcohol

Los ladrones destrozaron la puerta del bar Naranjal en La Luz. / LVA
Los ladrones destrozaron la puerta del bar Naranjal en La Luz. / LVA

«Me dijeron que olía a alcohol», afirma el dueño de El Naranjal. El resultado fue negativo, con 0,16 miligramos por litro de aire espirado

R. D.AVILÉS.

Sufre un robo en su bar y termina sometiéndose a la prueba de alcoholemia. «No me lo esperaba», afirma Daniel Escapa, el propietario, sin ocultar su malestar. Su bar es El Naranjal, en La Luz, y el robo fue perpetrado la madrugada del pasado sábado. No era el primero, y se teme que puede que tampoco sea el último. El procedimiento fue el habitual, tapa de alcantarilla contra la puerta. Una vez rota los autores del robo centraron su atención en la máquina 'tragaperras'. La destrozaron y se llevaron la recaudación, cuyo importe no ha trascendido.

Eran alrededor de las cinco de la madrugada. «Oí un gran estruendo, me levanté y cuando me asomé a la ventana pude ver como entraban en el local. Después oí más golpes, y al poco vi a dos personas saliendo del bar. Llevaban el dinero en un bolsa y se subieron en un coche oscuro que estaba aparcado en las inmediaciones», manifestó el propietario, que vive justo encima del establecimiento.

«Fueron muy rápidos, y posiblemente se trate de la misma gente que la última vez, porque todo fue exactamente igual». Se refería a un robo que había sufrido a finales de mayo cometido mediante el mismo procedimiento, alcantarilla contra la cristalera. Entonces el ruido también le despertó, con la diferencia de que en aquella ocasión reaccionó lanzando botellas a los ladrones, que tampoco se inmutaron.

Tras el robo del domingo el propietario de El Naranjal, situado en el entorno del polideportivo de La Luz, se encontró la tapa de alcantarilla en el interior de su local. Tal y como manifestó a este periódico su primera reacción fue entregársela a la Policía Local «para que se pueda colocar en su sitio», cerca del establecimiento. Y así lo hizo. «Primero fui a la comisaría de la Policía Nacional a poner la denuncia y después al cuartel de la Policía Local a devolver la alcantarilla».

Todo transcurría con absoluta normalidad. «Les dije lo que había pasado y les entregué la alcantarilla. Fueron muy correctos», añadió. Tras abandonar el cuartel Escapa se dirigió a su coche, aparcado en las inmediaciones, y fue entonces cuando, según su relato, dos agentes le requirieron para que se sometiese a la prueba de alcoholemia.

«Me dijeron que olía a alcohol y que tenían que verificar que estaba en condiciones de conducir». Y aunque, según admite, «había bebido uno o dos chupitos de orujo», lo estaba. El resultado, siempre según su versión, fue de 0,16 miligramos de alcohol por litro de aire espirado, por debajo del tope legal, 0,25. Una vez comprobado que su estado no suponía un riesgo para la seguridad vial arrancó el coche y se marchó.

«Lo que más me fastidia es que esperaron al momento en que me disponía a subir al coche. Si ya en el cuartel detectaron que olía a alcohol bien podían haberme la prueba allí mismo. ¿Por qué esperaron?», se pregunta. Aunque la Policía Local no ofrece información sobre estos casos, todo indica a que en ese momento los agentes desconocían que había acudido a la comisaría al volante de un coche y que iba a volver a cogerlo. «Me pareció fatal. Sufro un nuevo robo en un bar, me molesto en devolver la alcantarilla al Ayuntamiento para que la reponga y acabo soplando», lamenta.

La investigación del robo está en manos de la Policía Nacional. Mientras, Escapa medita reforzar las medidas de seguridad de su establecimiento, que carece de persiana. El suyo no es el único bar que ha sufrido un robo nocturno en los últimos tiempos, y no se descarta que los autores sean los mismos.