La esgrima se promociona en el Ferrera ante su próximo desembarco en la ciudad

Dos tiradores, en la exhibición de ayer en el Ferrera. / PATRICIA BREGÓN
Dos tiradores, en la exhibición de ayer en el Ferrera. / PATRICIA BREGÓN

Miembros de la Escuela Asturiana de Esgrima Antigua explican un arte marcial europeo que desapareció con la irrupción de la pistola

C. DEL RÍO AVILÉS.

La Escuela Asturiana de Esgrima Antigua mostró ayer las armas y técnicas de un arte marcial que los «europeos olvidamos cuando descubrimos las pistolas» y que, desde hace un par de décadas, está protagonizando un «redescubrimiento», más por una «idea romántica» que por una aplicación práctica. Pelayo Mejido, instructor, comenzó así la explicación que ayer tuvo lugar en el Parque de Ferrera, en una de las actividades paralelas programadas por el Celsius 232.

La escuela, con sedes en Oviedo y Gijón, pretende abrir en Avilés en septiembre u octubre. En la actualidad, imparten cursos a niños con espadas acolchadas, a jóvenes y a adultos. «Tenemos muchos estudiantes, en general la gente viene por un interés histórico», señaló antes de que comenzara el taller el monitor Pablo Alonso.

El objetivo del tirador «es que no nos den». «El fin es sobrevivir; tocar a tu adversario no es un fin en sí mismo», añadió Alonso enmarcando históricamente una práctica que respondía a los usos de una época historia muy concreta. En la escuela, y fueron las armas que ayer más emplearon en la exhibición, trabajan principalmente con la espada ropera, muy típica desde finales de siglo XV al XVIII en España, y con la larga, que pesa kilo y medio y ha de utilizarse a dos manos. «La ropera tiene un corte menos lesivo y, como tiene su propia protección en forma de taza (donde se protege la mano), te permite más movimiento. La larga exige más destreza y se suele utilizar desde lejos, la entrada y el ataque son más agresivos», ilustró.

Las armas que utilizan son réplicas exactas de las existentes en museos encargadas a armeros, pero sin filo ni punta «para sobrevivir a más de una clase», bromeó Alonso. Protegidos, por si acaso, van. Llevan careta de 1.600 Newton (una deportiva es de 350), chaqueta gruesa, guantes, coderas y rodilleras bien acolchadas. Todo eso lo evitan si se visten una armadura, que ayer también exhibieron. «El peso se reparte en todo el cuerpo y como ya no tienes que estar tan pendiente del ataque salvo en puntos estratégicos vulnerables como los ojos o el cuello, puede centrarte más en el ataque. Se emplea con la espada larga», añadió.

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