Espacio Portus inicia su andadura con un recorrido guiado entre el faro y San Juan

Cristina Heredia ofrece unas explicaciones en el interior del nuevo centro de interpretación. / FOTOS: OMAR ANTUÑA
Cristina Heredia ofrece unas explicaciones en el interior del nuevo centro de interpretación. / FOTOS: OMAR ANTUÑA

Forman parte de las actividades organizadas por el nuevo centro de interpretación y concluyen con una visita a la exposición de la Autoridad Portuaria

J. F. GALÁNAVILÉS.

Espacio Portus, el nuevo centro de interpretación del Puerto de Avilés, inició ayer su andadura con una visita guiada en la que participaron unas veinte personas. Instalado en San Juan de Nieva, en la nave que ocupaba el taller de carpintería del antiguo astillero Ojeda y Aniceto, rehabilitada por la Autoridad Portuaria, repasa la historia del puerto desde sus orígenes, en la Edad Media, hasta el día de hoy, bajo una mirada que se centra tanto en su evolución física y la de su entorno como en su estrecha vinculación con la historia de Avilés y de Asturias.

La visita comenzó con un recorrido guiado a lo largo del paseo que une el área recreativa de San Juan de Nieva, en las inmediaciones de faro, con el pueblo. «Trabajo en Las Arobias, a pie de puerto, y aunque en ocasiones vengo a pasear por el entorno del faro esta visita me ha permitido saber muchas cosas del puerto y comprender su estrecha relación con Avilés», manifestó Cristina Álvarez, que realizó el recorrido acompañada de su madre.

Como guías, Nicolás Alonso y Cristina Heredia, coordinadores de Pamua, la empresa encargada de organizar una serie de actividades complementarias a la exposición. A falta de conocer la programación, se orientarán fundamentalmente a escolares, con carácter didáctico, si bien también incluirá charlas, talleres y proyecciones dirigidas al público adulto.

Alonso y Heredia ofrecieron las primeras explicaciones en el punto de partida. «Desde aquí se divisa un gran escenario que se ha ido moldeando a lo largo de los siglos», manifestó Alonso, que trasladó a los visitantes al siglo IX. Entonces «se divisaba un paisaje muy diferente al actual. La ría era un gran estuario delimitado por el castillo de Gauzón, en el Peñón de Raíces, y la torre de San Juan, en la zona donde hoy está el faro. Eran dos fortalezas que permitían ver y ser visto. En aquellos tiempos las incursiones de los pueblos nórdicos eran frecuentes, y el estuario de Avilés constituía un puerto seguro y una vía de entrada. Ambas fortalezas servían para advertir de que se trataba de una zona protegida por guarnición militar, por lo que los invasores se lo pensarían dos veces».

Acto seguido el grupo se puso en movimiento hacia el pueblo de San Juan, algo más de un kilómetro de recorrido con diferentes paradas. La primera fue en la ensenada del Emballu, protegida por un pequeño espigón. «Sobre aquel promontorio situado sobre el mismo pueblo de San Juan estaba el Canto de La Figal, un antiguo castro. Se construyó en altura, protegido por un foso y posiblemente también con muralla. En él se hallaron monedas romanas, lo que tampoco quiere decir necesariamente que ya estuviese habitado en aquella época».

Lo que sí se ha constatado es que el castillo de Gauzón «era una de las fortalezas más importantes de los reyes astures asociada a un conjunto palaciego en el que el rey Alfonso III y Doña Jimena pasaban largas estancias. Fue allí donde se forjó la Cruz de la Victoria, y las excavaciones arqueológicas nos han permitido conocer más acerca de un período que todavía esconde muchas incógnitas. Es como un puzzle en el que poco a poco las piezas van encajando», señaló Alonso.

A mitad del tramo del paseo que recorre la ensenada se encuentra la fuente del Emballu, en la que «durante la Edad Media los barcos se abastecían de agua. Eran años de gran crecimiento del puerto gracias al comercio de la sal». Hoy en día de la fuente aún mana agua.

Poco después el grupo llegaba a la Peña del Caballo, llamada así por su perfil, con dos arcos sobre el mar y un tercero bajo el que transcurre la carretera que conduce al faro. En su día era la prolongación de La Rechalda, un peñasco ya suprimido por la mano del hombre que durante siglos constituyó un gran obstáculo para la navegación.

La última parada se llevó a cabo en San Juan, a las puertas del centro de interpretación y a la entrada de la curva de Pachico, en un saliente desde el que se divisa la dársena de San Juan, embrión del moderno puerto de Avilés, y el muelle de Valliniello, en la margen derecha. Es el más reciente y el de mayor longitud, un kilómetro de línea de atraque, y calado, catorce metros.

El centro de interpretación

El recorrido concluyó con una visita a Espacio Portus. La primera de las dos salas ofrece una visión actual, la de un puerto que mueve del orden de cinco millones de toneladas de mercancías al año, fundamentalmente graneles sólidos y líquidos pero también otras muchas mercancías, desde productos siderúrgicos hasta abonos, piezas de proyecto o del sector eólico.

También esboza su futuro. Ampliar el muelle de Raíces 'viejo' para alinearlo con la ampliación y darle su calado, doce metros, o instalar una rampa ro-ro son algunas de las inversiones previstas en el corto plazo. Los apartados medioambiental, con resultados ya claramente palpables fruto del esfuerzo realizado en los últimos años, y el tecnológico, con la implantación del sistema 'smart port' (puerto inteligente) también son piezas clave en el presente y el futuro del puerto.

La segunda sala se centra en su milenaria historia, desde sus orígenes y sus siglos como puerto centrado en la importación de sal hasta sus años como puerto carbonero, industrial y siderúrgico. También en su evolución física, con menciones a la privatización y desecación de las marismas, a la emigración americana o a la industralización, así como a las distintas obras que a lo largo de los siglos han ido conformando su actual configuración. El puerto de Avilés dispone a día de hoy de más de cuatro kilómetros de muelles comerciales, más el pesquero y el deportivo.

El mensaje final que lanzó Nicolás Alonso estaba claro. El puerto de Avilés «es fiel reflejo de la evolución de la ciudad, de la sociedad y de su economía, y su historia resulta fundamental para conocer y entender la de Asturias».

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