«Hubo muchos espectadores, pero nadie más intervino»

Gemma Martínez, una de las jóvenes que auxilió a la mujer. / LVA
Gemma Martínez, una de las jóvenes que auxilió a la mujer. / LVA

Gemma Martínez y su compañera Rocío Calvo estaban trabajando cuando vieron a una pareja desvanecerse Dos jóvenes salvan la vida a una mujer que sufrió un infarto en la estación de autobús

C. R.AVILÉS.

Iba a ser una mañana como tantas otras: tratando de atraer a los ciudadanos hacia el stand que la Fundación Cris contra el Cáncer había instalado en la estación de autobuses de Avilés. El objetivo era (es) siempre doble: por un lado, divulgar y concienciar sobre esta enfermedad; por otro, hacer socios cuyas aportaciones puedan financiar la investigación. Lo que no sabían Gemma Martínez Sanz y Rocío Calvo Ferreira era que ese día iban a salvar una vida: la de Pilar, una gijonesa de 78 años que sufrió un infarto.

La mujer y su marido habían acudido a Avilés a una cita médica. Cuando cruzaban la estación de autobuses, ella se desvaneció y su esposo, que trató de sujetarla, cayó al suelo con ella y se golpeó la cabeza. Se hizo una brecha que comenzó a manar sangre «de una manera escandalosa». «Yo pensé que a ella le había dado un golpe de calor porque ese día hacía muchísimo y, como a mí me dan bajones de tensión, se me ocurrió que le podía haber pasado algo similar. Ni de lejos pensé que fuera un infarto», explica. Tanto ella como su compañera se acercaron sin pensarlo. «Actúas por instinto, por inercia. Ni lo piensas», añade esta joven de Cangas del Narcea.

Mientras trataban de taponar la herida del hombre y llamaban al 112, Gemma le pidió a Rocío que ladeara a la mujer. «No quería que se durmiera, así que empecé a hablarle, a preguntarle cómo se llamaba, de dónde era, si tenía nietos,...», cualquier cosa con tal de mantenerla despierta. En la estación de autobuses, un día laborable, había mucha gente por allí. «Había muchos espectadores, pero nadie intervino. Apareció incluso un enfermero ebrio», recuerda Gemma. Afortunadamente para todos, «la ambulancia vino súper rápido». «Llevo catorce años como captadora de socios para oenegés o fundaciones, este último año con Cris, pero prefiero mi trabajo a tener que auxiliar gente porque me pongo súper nerviosa», reconoce. A pesar de ese estado que confiesa, Gemma volvería a actuar de la misma manera. «Si me pasara a mí también me gustaría que me ayudaran . Es más, a mi padre le dio un infarto y gracias a que lo auxiliaron ahora está aquí con nosotros», relata.

«Gracias a ella he vuelto a nacer y estoy viva», celebra Pilar desde Gijón, donde vive

«Ahora soy como una nieta»

Su providencial actuación tuvo lugar a finales de junio, pero todavía saborean los resultados de su intervención. De hecho, Gemma ha podido reencontrarse con Pilar y su marido y tomarse un café con ellos. «Estoy muy agradecida a estas dos chicas. Gracias a ella he vuelto a nacer y estoy viva», comentaba la mujer, una vez recuperada tras ser operada de urgencia en el hospital. «Nos hemos hecho inseparables, ahora soy como una nieta más», asegura Gemma.

Marta Cardona, directora de esta fundación contra el cáncer explica que «desde Cris queremos reconocer la labor que día a día realizan los captadores de calle, ya que su labor es fundamental para que la sociedad conozca la importancia de la investigación para curar el cáncer, una enfermedad que nos afecta a todos, la investigación es vida. Y sobre todo, dar las gracias a Gemma y Rocío, por su solidaridad diaria como por su generosidad ayudando a Pilar».

Cris cuenta con cuarenta captadores de calle en toda España. Algunos de los proyectos que actualmente tienen en marcha son la Unidad de Terapias Avanzadas en cáncer infantil, en el Hospital Universitario de la Paz (Madrid), el Proyecto Sarcoma de Ewing en niños en el Centro de Investigación Virgen del Rocío en Sevilla y en la Universidad de Valencia y el proyecto Cáncer de Mama en el Centro de Investigación de Cáncer de Salamanca y en el Hospital Universitario de Albacete.