Juicio del 'caso Niemeyer'

El exagente de viajes afirma que se cargaron al Niemeyer «por error» gastos personales

José María Vigil en el acceso al Palacio de Justicia / Á. PIÑA

Reconoce que la deuda generada llegó a ser insostenible, pero siguió facilitando servicios a espaldas de su empresa

CRISTINADEL RÍO AVILÉS.

El exagente de Viajes El Corte Inglés, José María Vigil, negó ayer la existencia de «trama» alguna en torno al Centro Niemeyer y que todo lo facturado correspondió a servicios reales, aunque sí reconoció que se cargaron algunos apuntes en esa cuenta «por error», que posteriormente fueron reconocidos y subsanados. Vigil se enfrenta a ocho años de cárcel y a una multa de 92.600 euros acusado por la Fiscalía de estafa y falsedad en documento mercantil, además de malversación y falsedad como colaborador necesario.

En su declaración ayer en la Audiencia Provincial, que continuará el próximo lunes, recalcó que «nunca nadie me pidió que alterara nada» y reconoció que su empresa había permitido al principio cierta flexibilidad en los pagos porque la Fundación Niemeyer, en la que incluso se planteó entrar como patrono, interesaba como cliente.

Aseguró haber entregado siempre la facturación a la fundación, pero dijo no entender «por qué dejan de incluir 127.000 euros en su contabilidad», lo que por otra parte «inutiliza toda la idea de que hay una trama para dar beneficio». Si la hubiera «lo que hay que hacer es no facturar o hacer notas de abono, que hubiese sido lo más fácil del mundo dentro del sistema informático» y cargó tanto contra la primera contable, María José Mochales, como contra el segundo, Miguel Argüelles, trabajador del despacho de José Luis Rebollo, que fue secretario de la fundación y que también está encausado.

Sobre la primera criticó que a finales del cierre del primer ejercicio «necesitaba presentar urgentemente todas las subvenciones» y le reclamó copias de las facturas que él tenía que solicitar a la central en Madrid. Esta situación, siempre según Vigil, se repitió en 2007, 2008 y 2009, año en el que cansado de tal «desbarajuste» decidió cambiar el sistema de factura mensual agrupada, que eran las que había que solicitar a Madrid, por el de factura en punto de venta, por el que se expide una factura por cada servicio y de las que él podía sacar un duplicado sin pasar por la central.

Al segundo le recriminó un «error grave» al anotar como pagos a cuenta lo que era un «anticipo» de 50.000 euros, lo que derivó en un saldo a favor del Centro Niemeyer de 84.000 euros. «Sin que nadie se dé cuenta (...). Increíble», valoró. Esos supuestos anticipos correspondían con los talones que empezó a cobrar Vigil por adelantado al Niemeyer cuando la deuda ya era sumamente elevada y tenía que asegurarse el cobro.

Viajes personales

Esos fueron dos de los «errores» a los que puso nombre y apellido, pero no pudo hacer lo mismo con los cargos ajenos encontrados en las cuentas del Centro Niemeyer. El primero ya había salido a relucir en las jornadas anteriores, el alquiler de un coche en un viaje particular de Judit Pereiro, exmujer de Grueso, con su hermano por Italia. Otro fue un viaje colectivo a Copenhague en que los vuelos del propio Vigil y su mujer aparecían en blanco. Dijo desconocer el motivo. También se encontró un viaje suyo y tres familiares a Londres que «se cargó de manera incorrecta» a la fundación, pero asegura que fue reconocido y subsanado. Otros fueron los «conceptos o cargos» indebidos en una factura mensual por 89.500 euros y tampoco pudo explicar 35 cargos por valor de 24.000 euros. Sí quiso aclarar a qué se debió su presencia y la de su mujer en Cannes y Venecia. La suya a motivos profesionales, debido a que viajó una veintena de personas, y la de su esposa como cortesía de Grueso para que pudieran estar juntos.

Vigil insistió en que «todas las facturas se corresponden a servicios reales» y aseguró que él «reclamaba el pago de las facturas a Natalio cada dos días». La respuesta siempre era la misma: «No hay dinero». Eso provocó que la cuenta de empresa, con un límite de riesgo mensual, quedara bloqueada. A pesar de ello, siguió «facilitando servicios sin autorización de la central». Al principio permitiendo que esa deuda siguiera creciendo, cuando la situación comenzaba a desbordarse recurrió a los citados talones. Vigil llegó a enviar algunos correos «desesperados» en los que exageró el lenguaje o al menos eso explicó a la acusación particular cuando le preguntó que había querido decir con el verbo 'encubrir' en uno de ellos y en otro que solicitaba discreción.

Explicó que tras irse de Viajes El Corte Inglés firmó unos documentos redactados por la empresa en los que «colaboró» en identificar los distintos cargos. Para entonces ya se habían realizado dos reconocimientos de deuda, el primero de 174.131 euros y el segundo de 584.000 euros que Rebollo se negó a firmar «sin revisar que es exacto», por lo que «se decide poner el nombre de Natalio, el director».

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