Muere la otra niña que cayó junto a su amiga al embalse de Trasona tras diez días en el HUCA

Un ramo de flores y un peluche recuerda a las niñas en la zona del área recreativa de Gavitos donde ocurrió el fatal accidente. / OMAR ANTUÑA
Un ramo de flores y un peluche recuerda a las niñas en la zona del área recreativa de Gavitos donde ocurrió el fatal accidente. / OMAR ANTUÑA

Tenía diez años y no pudo sobreponerse a las secuelas de estar varios minutos privada de oxígeno

SHEYLA GONZÁLEZAVILÉS.

No pudo ser. La segunda niña que se cayó al pantano de Trasona el pasado miércoles, día 3 de julio, fallecía ayer tras diez días ingresada en la UCI pediátrica del Hospital Universitario Central de Asturias. Tan solo cinco días después de que lo hiciera la otra menor. Ambas se encontraban en estado de extrema gravedad desde que ingresaran en el centro ovetense tras ser rescatadas del embalse por un piragüista.

La menor, de diez años y residente en Pravia, no pudo superar las secuelas de haber estado privada de aire durante varios minutos. La niña había ingresado en la UCI pediátrica con un pronóstico levemente mejor al de su amiga aunque se temía por su vida desde entonces. Los cuidados médicos del personal del área consiguieron mantenerla con vida hasta ayer por la mañana que daban la triste noticia a los familiares, que seguían de cerca su evolución.

Desde que ingresaran en el HUCA el personal médico había insistido en la gravedad de su estado y se reservaban hablar de su evolución futura. El gerente del centro, Luis Hevia, ya había advertido a familiares y medios que «las próximas horas serán decisivas», y aunque los familiares esperaban una mejoría, nunca llegó.

Tanto la menor fallecida ayer como la de mayor edad fueron encontradas «flotando y boca abajo» en parada cardiorespiratoria. Los piragüistas presentes en la zona fueron los encargados de realizarles las primeras maniobras de reanimación que después continuaron los sanitarios de la UVI móvil de Avilés y la de Gijón. En aquel momento lograron recuperarles el pulso a ambas aunque no fue tarea fácil ya que habían pasado varios minutos en el agua sin respiración, lo que conlleva una serie de secuelas en el resto de órganos.

Según relataron los testigos y sus rescatadores, la niña de 11 años se encontraba en peor estado ya que presentaba síntomas de un estado cianótico. «Estaba morada y muy hinchada», explicaban los piragüistas. A ella costó más recuperarle el pulso ya que lo perdía cada pocos segundos. De hecho, «hubo que ponerle las palas para reanimarla porque con las maniobras manuales no bastaba», narraba el pasado miércoles Juan José Castillo, uno de los piragüistas.

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La pequeña «estaba un poco mejor, tenía mejor color», comentó José Reyes, profesor del IES Virgen de La Luz que también colaboró con las tareas de reanimación. A ella la reanimaron en unos minutos, por eso se esperaba que su evolución fuera mejor que la de su amiga. Tristemente no fue así, ya que a pesar de los cuidados intensivos no logró sobreponerse a esa caída al pantano.

Un cumpleaños trágico

La tarde del miércoles 3 de julio no será fácil de olvidar para nadie de los que estaban en el área recreativa de Gavitos del pantano de Trasona. En las mesas de entrada estaban ocupadas por varias familias de origen rumano, aunque residentes en España desde hace más de una década. Celebraban un cumpleaños, el de la menor de las niñas que minutos después caería al pantano. Cumplía diez años y lo que era un evento divertido y distendido acabó en tragedia.

Mientras los adultos festejaban en las mesas, a cincuenta metros se encontraban las menores jugando. La zona escogida por las niñas era un pequeño mirador del pantano, ubicado tras un pequeño muro y a diferente cota de altura del área, por lo que las familias no podían verlas desde su posición.

Según la hipótesis que barajan los agentes de la Guardia Civil y la Policía Local personados en el lugar de los hechos, la pequeña se habría acercado al agua para refrescarse. En ese intento habría caído dentro del pantano. A unos metros de ella estaría la de 11 años, que al verla en apuros se habría metido para ayudarla, sin conseguirlo. Ambas se vieron en apuros y no lograron alcanzar de nuevo la orilla. Esa zona del pantano cuenta con una rampa muy resbaladiza que pudo ponérselo más complicado a las menores. Se desconoce cuántos minutos pasaron desde su caída al embalse y la llegada del piragüista que las rescató, Ramón González. Cuando él las avistó desde su piragua se encontraban flotando y boca abajo, «ya no braceaban».

Los minutos que siguieron a su rescate fueron frenéticos. La UVI avilesina llegó en tan solo siete minutos, suficientes para tener que hacer frente también al estado de nerviosismo de los familiares que «no paraban de gritar. En un primer momento querían cogerlas y llevárselas en su coche al hospital pero les explicamos que no podían, que si parábamos las maniobras se morían», explicó José Reyes.

El área recreativa de Gavitos quedaba desierta con la marcha de los sanitarios. En el lugar solo quedaban los restos de una tarde en familia y la comida sobre las mesas. Sus allegados pasaron los días desde entonces en el Hospital Universitario Central de Asturias. Hacían turnos para subir a ver a las niñas en los horarios de la UCI pediátrica mientras otros esperaban en los exteriores del centro hospitalario, del que no se fueron en ningún momento.

Recuerdo floral

Un ramo de flores y un muñeco de peluche recuerdan a las niñas en la zona del pantano de Trasona en la que se desencadenaron los hechos. Ayer por la tarde ningún allegado de las familias se acercaba a Gavitos pero sí lo habían hecho con anterioridad para depositar las flores en su recuerdo.

Los familiares celebraron el funeral de la primera de las niñas, fallecida el pasado sábado, en la más estricta intimidad y siguiendo los ritos de la iglesia ortodoxa rumana. Todo apunta a que harán lo propio con el velatorio de la segunda de las menores, ya que la comunidad rumana es muy creyente. La Asociación de Rumanos en Asturias ha estado atenta a la evolución de las pequeñas durante todos estos días de ingreso y ayer mandaban un mensaje de cariño y apoyo a sus familias. «A los padres solo podemos decirles que ojalá la fe les pueda ayudar en lo que viene por delante en estos duros momentos», decía Iuliana González, presidenta de la asociación.

«No es plato de buen gusto, no le deseamos pasar por esto a nadie. Te pone los pelos de punta», decía ayer la presidenta de la entidad con sede en Gijón.