«La falta de sentido de la vida genera sufrimiento»

Inmaculada González-Carbajal García. / PABLO LORENZANA
Inmaculada González-Carbajal García. / PABLO LORENZANA

Presenta hoy en Avilés 'Y al final... todos calvos', cuyos derechos de autor se destinan a la asistencia a enfermos mentales en el Congo

FERNANDO DEL BUSTO AVILÉS.

Conocida por su faceta altruista al frente de la Fundación El Pájaro Azul, la avilesina Inmaculada González-Carbajal García presenta hoy lunes, 15 de enero, a partir de las ocho de la tarde su primer libro de carácter literario: 'Y al final... Todos calvos' (Trabe). La cita es a partir de las ocho de la tarde en el Hotel Nh Collection Palacio de Avilés, con entrada libre. La acompañarán su editora, Esther Prieto y Javier Carmona, patrón de la Fundación El Pájaro Azul.

-Ha publicado divulgación y libros de historia. ¿Por qué sale ahora de ese campo?

-Tenía necesidad de escribirlo. A diario veo como la falta de sentido de la vida provoca mucho sufrimiento a la gente, muchas personas no saben las razones por las que viven y eso genera una gran ansiedad. Tenía la necesidad de compartir mi experiencia vital y reflexiones para tratar de ayudar.

-Su libro empieza en Avilés, su ciudad natal.

-No podía ser de otra manera. Tal como cuento, desde el portal de la casa en la que nací y viví mis primeros años se formó buena parte de la persona que soy. Cada vez que vengo con una amigo a Avilés paso por esa casa, el número ocho de la calle de El Sol, para enseñar el balcón desde que vi el mundo por primera vez. Poder presentar hoy el libro en Avilés es muy importante para mí.

-El tono del libro es muy humano, reconoce sus errores y fallos. ¿Le resultó sencillo?

-Sinceramente, yo soy así. Tengo capacidad de reconocer lo que hice mal y no me importa disculparme. Lo que más me costó fue vencer el pudor de mostrarme como soy. He intentado que los lectores reflexionen con un lenguaje fluido y cercano, muy pasado por la experiencia. Reflexiono sobre grandes defectos que padecemos todos como la avaricia o la maledicencia.

-¿Y cómo responden los lectores?

-Las personas que lo han leído me aseguran que lo he logrado. Cuando terminé el libro, tenía esa confianza y son los primeros mensajes que llegan. Mi editora, Esther Prieto, me comenta que se está vendiendo muy bien.

-Las páginas de la visita a un centro para atender a las mujeres víctimas de violencia sexual en el Congo son de las más duras del libro.

-Siempre llevo una libreta en mis viajes y al repasar las notas de esa visita volví a estremecerme. Fue muy duro de escribir y terminé llorando al revivirlo. Aunque pasó hace años, me sigue removiendo las entrañas.

-Habla de una chica en especial que le pide que cuente su historia. ¿Qué fue de ella?

-No lo sé. En ese momento intentamos ayudarla, pero luego perdimos el contacto con ese centro y la ong que lo lleva. Tal como cuento, mi impresión es que la encargada no estaba muy preocupada por la atención a las mujeres. Ahora vive en España y cuenta historias que no son reales. Creo que, en ese momento, se sintió descubierta y cortó la relación con nosotras.

-Ilustra el libro Vicente Pastor. ¿Cómo organizaron el trabajo?

-Hablé con él. Realmente hizo más, casi el doble de las que incluimos. Pero no queríamos que se disparase el precio. Su situación en el libro no es al azar, las colocamos con un criterio, en relación con el contenido.

-Y cuenta con un prologuista de lujo, Manuel Rubio.

-Mi verdadero lujo es tener amigos, amigos de verdad como Manolo, que te dicen que lo que haces está bien o mal con sinceridad. Con toda libertad, le dejé el libro y le pedí que lo leyese y que, si le gustaba, que escribiese el prólogo.

-Los ingresos por derecho de autor los destina al trabajo de Sor Ángela con los enfermos mentales en el Congo. ¿Cómo la conoció?

-La Fundación El Pájaro Azul colabora con ellos desde hace años. Sor Angela trabaja desde hace treinta años con los enfermos mentales en El Congo. Es un auténtico lujo. El enfermo mental no tiene categoría de enfermo en El Congo, no reciben ningún tipo de asistencia; piensan que son brujos, los echan a la calle, los matan. Sor Ángela los recoje de la calle en unas condiciones terribles y les ofrece un tratamiento psiquiátrico. Al año realizan 50.000 visitas médicas. Según se recuperaran, cuentan con un taller de artesanía para trabajar y se reintegran a la vida, a veces con el apoyo de familias. También queremos visibilizar esta tarea. Intentaremos que sea candidata al Premio Princesa de Asturias de Cooperación. No conocí a Teresa de Calcuta, pero la dedicación de Sor Ángela se encuentra en ese estilo.

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