El calvario de Fani: cinco pisos arrastrándose para salir de casa

Fani del Socorro sube y baja cinco pisos arrastrándose. / MARIETA
Fani del Socorro sube y baja cinco pisos arrastrándose. / MARIETA

«Tuve un accidente y el mundo se ha derrumbado, solo pido un piso que tenga ascensor», confiesa

ALEJANDRO L. JAMBRINAAVILÉS.

Fani del Socorro Paez sufrió un accidente de tráfico en el enlace de La Luz con la autovía el pasado 14 de julio. El coche que conducía, en el que viajaban otras tres mujeres, impactó de manera frontal contra otro vehículo que invadió el carril contrario y, a pesar de que no hubo que lamentar fallecidos, ella sufre unas secuelas que hacen que ahora su vida sea un calvario.

Lo peor es que cada día tiene que subir y bajar los cinco pisos que separan el portal de su vivienda, en la calle Carreño Miranda, arrastrándose por el suelo. «Desde el accidente el mundo se me ha derrumbado, es una situación desesperada y necesito que alguien caritativo me ofrezca un piso barato que tenga un ascensor», confiesa desesperada.

Esta mujer colombiana de 58 años llegó a España hace una década en busca de una vida mejor. Durante estos años ha ido enlazando trabajos que tenía que solapar para vivir, pero ahora las secuelas del accidente vial le limitan la movilidad de cintura para abajo. Tras el siniestro permaneció ingresada en el hospital San Agustín más de un mes, tiempo en el que le hicieron una reconstrucción del fémur y la rodilla de la pierna izquierda, donde ahora lleva catorce tornillos que le impiden moverla. En el lado derecho más de lo mismo, el pie está inutilizado y tiene varias fisuras en la mano. «Los dolores son insoportables, sobre todo cuando voy cada día a rehabilitación, y tengo que estar medicada todo el tiempo para soportarlo», asegura esta mujer, que tuvo que dejar su último empleo y ahora sobrevive con la renta social.

«Es imposible seguir subiendo todos estos pisos en mi estado más tiempo, necesito un sitio accesible donde vivir y que no tenga una renta superior a los 350 euros», lamenta del Socorro, que ha tenido infinidad de empleos desde que llego al país en el año 2008.

Ha acudido a servicios sociales desesperada para solicitar una ayuda al alquiler, «y me han dicho que tengo que ser yo la que busque la vivienda, pero ninguna inmobiliaria alquila sin nómina, y me gustaría que algún particular gestionase un alquiler conmigo cara a cara», solicita.

Una lenta recuperación

A quienes está muy agradecida es a los servicios médicos que la atendieron y le realizaron las intervenciones quirúrgicas tras el accidente. Por el momento no ha tenido noticias del conductor del otro vehículo «y la verdad es que me encantaría saber que está bien y que no le pasó nada grave», confiesa. «No me importa nada de quien fue la responsabilidad porque no busco dinero, solo quiero preocuparme por su salud porque es lo más importante».

Por el momento, esta vecina del barrio de Sabugo se está sometiendo diariamente a un proceso de rehabilitación largo y doloroso. Los médicos le han asegurado que no habrá avances importantes hasta dentro de un año como mínimo «y lo más seguro es que me queden secuelas».

Ahora subir y bajar a su propia casa se ha convertido en una odisea, una lucha constante que ya le ha supuesto más de una caída y varios golpes por todo el cuerpo. «Yo no tengo fuerza suficiente para arrastrarme tantos escalones y tengo que hacer muchas paradas. Tengo que salir una hora antes a los sitios porque tardo mucho en bajar y es una tortura», comenta.

Lo suyo es un grito desesperado de ayuda. «Nadie se queja sin motivo y yo necesito que alguien me ofrezca posibilidades porque estoy sufriendo y porque ya se me está acabando el dinero para vivir», clama.