«Feito es el pueblo de Miranda y el pueblo de Miranda es Feito»

José Manuel Feito conversa con el párroco antes del homenaje. / PATRICIA BREGÓN
José Manuel Feito conversa con el párroco antes del homenaje. / PATRICIA BREGÓN

La iglesia se llenó para homenajear al párroco en su sesenta aniversario como sacerdote | «Ha entregado su amor y generosidad al pueblo y sus vecinos, ateponiéndolos a todo», reflexionó el sacerdote Francisco Panizo

SANTY MENOR MIRANDA.

Ni en el aparcamiento ni dentro de la iglesia cabía un alfiler. Nadie se quería perder la eucaristía de acción de gracias que los vecinos de Miranda, en apoyo a la idea inicial de Alfredo y María Angelina, habían organizado en homenaje a José Manuel Feito, párroco del pueblo avilesino desde el 12 de septiembre de 1964, hace ya 54 años.

Feito, querido y respetado a pesar de «no ser un santo», como él mismo reiteró al finalizar la misa con su habitual sorna, cumple sesenta años de sacerdocio, algo que sus feligreses no querían pasar por alto. Por ello, finalizada la eucaristía, le obsequiaron con una tableta electrónica que «no sé usar, así que tendréis que enseñarme», desafió mirando a los banquillos con una sonrisa de oreja a oreja.

Su fino humor llegó después, porque durante el acto sólo cabía espacio para la emoción. Feito se volvió a enfundar los hábitos para dar la misa y, nada más tomar rumbo al altar, comenzaron las sorpresas: tres jóvenes monaguillos ocupaban la primera fila de la derecha y, en la de la izquierda, la Escolanía de San Nicolás de Bari, con la directora Carmela García a la cabeza. Al piano, además de Juanjo, colaborador de la parroquia de Miranda, Pilar Mud, que deleitó a los presentes con un 'Ave María' que volteó las miradas y emocionó a más de uno por su dulzura.

Feito se situó en el centro, con el arcipreste Vicente Pañeda a la derecha y el actual párroco de Miranda, Francisco Panizo, a la izquierda, y la eucaristía fue intercalándose con continuas referencias al veterano sacerdote, con un cariñoso discurso de Panizo como punto álgido de la calurosa tarde de la que se pudo disfrutar ayer en Miranda. «Feito es el pueblo de Miranda y el pueblo de Miranda es Feito. Él siempre recuerda que cuando llegó aquí en 1964 no lo recibió nadie, pero poco a poco se fue ganando el cariño y el aprecio de todos sus vecinos». «Ha entregado su amor y generosidad al pueblo y sus vecinos, anteponiéndolos a todo», insistió. «Esta no es una eucaristía de acción de gracias a Feito, es una eucaristía de acción de gracias a Dios, por traer aquí a José Manuel», reflexionaba.

Sentida ovación

Tras el discurso llegó una ovación de más de un minuto que emocionó a un Feito que, tras agradecer a su 'sucesor' las palabras, emplazó a los presentes a un discurso final que «intentaré que sea breve», sonreía. El párroco cumplió su palabra y, justo antes de finalizar la misa, tomó el micrófono. Como buen sacerdote, lo primero que hizo fue «pedir perdón y dar las gracias, dos cosas que no sé por qué parecen difíciles, cuesta mucho que la gente las pronuncie, pero no debe ser así. Pido perdón por los errores que pude haber cometido todos estos años, que seguramente han sido muchos, y os doy las gracias, os las daría uno a uno pero sois muchos, por la ayuda, la colaboración y el cariño que he recibido siempre de Miranda».

Repasando un poco sus 54 años en la parroquia, prácticamente toda su vida, Feito recordó los inicios, que, «como siempre, fueron difíciles». Agradeció «la colaboración de muchos vecinos», pues «cada piedra, cada azulejo de esta iglesia que ahora se ve preciosa tiene una larga historia detrás. Gente como la familia Amago fue fundamental para que la parroquia creciese a nivel material».

Pero, para Feito, «lo más importante nunca es lo material. «En España tenemos catedrales que son maravillas arquitectónicas, pero luego entras y hace frío. Dios no está en una catedral por ser una catedral, Dios está donde hay amor, donde hay generosidad, donde hay perdón. Puede estar en una ermita destartalada donde se note calor». Por último, reflexionó acerca de «la unión. Llevarse bien siempre es la mejor idea. Ese debe ser el camino».

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