El Festival de Andar por Casa se pone manos a la masa

En las casas particulares se ofrece comida, bebida, música y arte a los participantes. / MARIETA
En las casas particulares se ofrece comida, bebida, música y arte a los participantes. / MARIETA

Varias decenas de personas se dividen entre alguna de las tres rutas ofertadas por ocho viviendas y un velero | La actividad comenzó con el bautismo de los participantes en la plaza de Alfonso VI, en el que se les instó «al buen obrar» durante toda la noche

C. R. AVILÉS.

Gastronomía, música, poesía y hasta porno vintage, eso sí «muy 'soft' (suave)». Las propuestas del VIII Festival de Andar por Casa, que promueve la apertura de casas de particulares a los participantes para «romper las fronteras de lo íntimo y lo privado», fueron variadas y se llevaron a cabo en tres rutas muy distantes entre sí. La primera, íntegramente en Versalles; la segunda, en pisos de La Cámara, Las Meanas y El Nodo y la tercera transcurrió por inmuebles de la avenida de Cervantes, la calle de La Libertad y el velero 'Diosa Maat', de Ecologistas en Acción, en la ría.

La treintena de participantes que se dio cita en la plaza de Alfonso VI primero entró en calor, cerveza mediante, y tras el rito iniciático oficiado por Clara en el que se instó al «buen obrar» durante toda la noche, comenzaron los bautismos que simbolizaron «la entrada en un convenio sagrado y vinculante entre vosotras y vosotros y el festival». En esta ocasión se vieron más delantales y menos rulos, pijamas y batas que en ediciones anteriores. Porque esa es otra de las características del festival, que exige indumentaria 'de andar por casa'.

En la primera ruta el 'hipstersex', anunciado como el «mejor porno vintage en 3D» llamó la atención a muchos, pero ya advirtieron los organizadores antes de empezar que aquello no iba a dejar a nadie ojiplático. Seguidamente, parada gastronómica basada en México para terminar en 'la casa del terror', una especie de juego de 'escape' con espectáculo de malabares.

La segunda ruta fue para los 'cocinillas' con espíritu libre, comenzando con un taller de fermentación y elaboración de pan, tras el que llegó la música de Javier Krahe, interpretada en directo, y la poesía de Susana Sela.

Por último, la tercera combinó una degustación de cocina italiana con la visita al velero ecologista y una propuesta de 'kamishibai', teatro de papel japonés a cargo de Fran Priegue, aderezado con comida hawaiana.

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