Fincas de Castrillón y Carreño aspiran a convertirse en la sede de la perrera comarcal

Al fondo, la finca de La Lloba, una de las candidatas a albergar la futura perrera comarcal. / MARIETA
Al fondo, la finca de La Lloba, una de las candidatas a albergar la futura perrera comarcal. / MARIETA

Tres particulares y la Fundación Protectora de Animales formalizan las ofertas de los terrenos que ahora serán analizadas

FERNANDO DEL BUSTO | SHEYLA GONZÁLEZ AVILÉS.

Castrillón o Carreño son los concejos que albergarán el futuro Albergue de Animales que impulsa el consorcio de doce concejos liderados por Avilés con el fin de dotar que la comarca disponga de un refugio para animales abandonados. De momento es el único dato que aporta el concurso convocado por el consorcio para fijar la sede de la perrera.

La Fundación Protectora de Animales del Principado de Asturias ha registrado dos ubicaciones de terreno, si bien desde la entidad conservacionista no se quiso concretar la ubicación exacta. «Estamos muy ilusionados con esta iniciativa, es la vez que Avilés se encuentra más cerca que nunca de tener una perrera y no queremos estropearla», declaraba ayer Alejandra Mier. En su caso, los terrenos planteados tienen una superficie de 14.000 y 16.000 metros cuadrados. Los otros tres postulantes ofrecen sus terrenos para la iniciativa a título individual.

Las fincas se encuentra distribuidas por Carreño y Castrillón. En el primero de municipios se han plantados dos posibles ubicaciones; las otras cuatro se encuentran en Castrillón. Entre ellas se encuentra los terrenos de La Lloba que, en su momento, se barajaron como posible ubicación de la perrera hasta que la polémica terminó paralizando la iniciativa y se decidió abrir un concurso para que cualquier interesado presentase sus parcelas.

Después de recibir las ofertas, el próximo trámite se superará el 20 de marzo, miércoles, cuando la mesa de contratación se reúna para abrir la documentación de las fincas. Los postulantes aseguran que las fincas registradas superan ampliamente los requisitos mínimos fijados en el concurso.

Posteriormente, vendrá la valoración y la propuesta de adjudicación que, lo más seguro, es que corresponda a las corporaciones que surjan de la cita electoral de mayo.

De todas maneras, ello no restará mérito al trabajo de este mandato, especialmente del concejal Miguel Ángel Balbuena que, desde Avilés, ha logrado desbloquear un asunto que llevaba más de treinta años parados como era dotar al concejo de un albergue de animales.

Un proyecto complejo

En 2001, las obras de recuperación y regeneración de las dunas de San Juan de Nieva provocaron el desalojo del albergue de La Xana y que era el único refugio para los animales abandonados de la comarca. Desde entonces y hasta el pasado verano, el refugio precario de La Luz fue el único espacio para el cuidado de perros abandonados. Sin embargo, la buena voluntad y el altruismo de sus promotoras no logró la regularización de ese recinto, tanto en los aspectos urbanísticos como en las condiciones de la construcción.

A ello se une que la realidad acabó desbordando a los gestores hasta el punto de alcanzar el deterioro que se apreciaba el pasado verano, cuando una denuncia de la Protectora de Animales forzó su clausura, cierre y recolocación de todos los animales.

Hasta el momento, todas las corporaciones municipales habían venido fracasando en su intento de lograr una perrera, bien municipal, bien de ámbito comarcal. El camino recorrido hasta llegar a este concurso no ha sido sencillo. El concejal de Obras y Mantenimiento Urbano, Miguel Ángel Balbuena, ha realizado un intenso y discreto trabajo para lograr poner en marcha el consorcio de la perrera.

Las dificultades previas le aconsejaron mantener un perfil discreto y un trabajo efectivo, sin miedo a ensayar diferentes sistemas y cambiar de camino si no se alcanzaba el resultado deseado. Así, una de las primeras opciones que se barajó en este mandato era la idea de construir un macro-albergue en terrenos de Cogersa, entidad que también asumiría la gestión.

El modelo superaba el problema de la ubicación de la perrera, el gran escollo de otras iniciativas que se habían intentado desarrollar, pero no fructificó. Finalmente, Balbuena trabajó en una clave comarcal, si bien el interés del modelo propuesto provocó que acabasen sumándose más concejos al consorcio.

El mayor problema del albergue de animales es la ubicación. Los posibles emplazamientos siempre generan rechazo de los vecinos lo que termina desembocando en el bloqueo político de la iniciativa. En el caso, el consorcio ha optado por la vía de un concurso con criterios objetivos. Se han fijado unas condiciones públicas, desde la clasificación urbanística a la superficie o el precio del terreno.

A partir de ahí, son los propietarios de los terrenos quienes formulan una propuesta. Los técnicos analizarán la puntuación y plantearán una posible sede a la finca que más puntos sume. Aunque todo el mundo asume que el proceso puede generar rechazo (y es significativo la negativa de todos los participantes a indicar la ubicación de las parcelas) cuenta con argumentos para vencer las reticencias. El primero es que la ubicación no es una decisión del político, sino que se ha fijado a partir de propuestas de los vecinos y que cumplen una serie de requisitos. Además, al surgir de los vecinos siempre se contará con alguna persona que defenderá las ventajas de esa sede para el albergue de animales.