«El fracaso es un estigma en España, pero es necesario para el éxito»

Belén Fernández, ayer en La Curtidora. / OMAR ANTUÑA
Belén Fernández, ayer en La Curtidora. / OMAR ANTUÑA

«El empresario es reacio a introducir cambios en todo el país, no sólo en Asturias, por eso son necesarias las leyes para avanzar en la Igualdad»

FERNANDO DEL BUSTO AVILÉS.

Belén Fernández López (Grado, 1958) es una afortunada. Hay vivido varias vidas en una: ha sido Belén la del Xoril; la de Novatex, industria textil modélica que quebró hace dos años; la de Texpro, la empresa del ramo para la que trabaja ahora; Belén luchadora feminista y progresista; empresaria de éxito y obligada a echar el cierre... De todo ello hablará hoy jueves, 4 de abril, a partir de las 9.30 horas en La Curtidora en un encuentro de la Federación de Empresarias y Directivas de Asturias (FEDA).

-Empezó de hostelera, luego empresaria, contratada... ¿Qué vida fue la mejor?

-Todas, porque todas me gustaron, en todas saqué lo mejor. Nací en un chigre en Grau y era un recurso fácil para trabajar. Si no te gusta la hostelería es complicada.

«Como empleada mantengo el mismo nivel de compromiso que como empresaria»

-¿Por qué?

-Trabajas cuando todo el mundo se divierte. Además es un empleo hasta cierta edad; a partir de un momento es jorobadísimo estar detrás de una barra, de camarera, en un restaurante... La hostelería requiere mucha intensidad.

-¿Cómo surgió Novatex?

-Como un proyecto de inserción laboral de mujeres. En el año 89 me separé y uno de mis mayores problemas fue encontrar trabajo. A través de la Asociación Surt de Barcelona, nació Xurtir, y a través de ella se creó Novatex. Surt es actualmente una fundación, de la que soy patrona desde hace veinte años.

-El proyecto evolucionó.

-Tanto que empezó como una empresa de economía social. Era muy complicada de gestionar. Luego pasamos a una sociedad limitada porque el nivel de inversión requería un modelo de empresa más al uso. La compra de la nave fue tremenda. Y luego hasta cuatro millones y pico de inversiones. Te puedes imaginar todo lo que tuvimos que hacer.

-¿El apoyo de las administraciones fue fundamental?

-Sí. Nos facilitó mucho el camino. Aunque tuvimos que pelear mucho. Y luego el apoyo de DuPont. Si DuPont hubiese dicho: «Ahí os quedáis», no hubiésemos avanzado nada.

-Usted es una persona progresista. ¿Le genera muchas contradicciones las decisiones que debía tomar como gestora con sus planteamientos políticos avanzados?

-Era muy complicado, tanto a nivel personal, para mi conciencia, como de cara a los demás. No era fácil guardar ese equilibrio en un mundo tan complicado como el empresarial y más en la industria. Desde fuera te veían como la jefa, como algo que no eras; la que ponía excesivo orden. Pero, claro, la única que tenía una carga de un millón de euros a sus espaldas era yo.

-¿Y cómo mujer? El mundo industrial es un duro.

-Machista. De hecho en Asturias no hay mujeres en el mundo industrial. Está Carmen Álvarez de Rigel y para de contar.

-Y en ese ambiente, una feminista como usted.

-Me provocó algún que otro altercado decir que había que hablar en clave de género; decir que no me sentía empresario, que era empresaria. Pero también te puedo decir que muchos compañeros del mundo empresarial me respetaron y me ayudaron. Tampoco era consciente de que era la única mujer en el mundo industrial.

-¿Es consciente de haber cambiado la percepción de la mujer en ese ambiente?

-No. Yo creo que eso lo cambia la ley. Cuando aparece una Ley de Igualdad que te obliga a hacer planes de Igualdad en empresas de 250 trabajadores no te queda otra. Lo dijo muy claramente Jesús Alberto González, el director de Fertiberia, en una charla del Aula de Cultura de LA VOZ: «Gracias a que hay leyes podemos cambiar las cosas». El empresario es reacio a introducir cambios, no en Asturias, en España. No sé si ayudé a cambiar algo, pero sí que fui una mosca cojonera.

-¿Cuales fueron sus mejores épocas en Novatex?

-Todas menos el final. El despido de la plantilla y no poder pagar los salarios fue lo peor. Y durante el resto aprendí tanto, tanto... Conocí a muchísima gente. Tuve momentos muy buenos.

-La salida de DuPont de Sontara provoca la caída de Novatex.

-Claro. DuPont vende el negocio a Jacob Holm y ésta no cuenta con nosotros en su plan de negocio. Era su derecho.

-¿Qué hubiese cambiado de los últimos años?

-A toro pasado es fácil hablar. Yo hubiese cerrado antes, aunque no era una decisión mía. También había un consejo de administración. Y también soy muy terca y había que llegar hasta el final.

-Se lee con frecuencia que del fracaso se aprende. ¿Piensa que es cierto después de cerrar su empresa?

-Lo más importante del éxito es el fracaso. En España el fracaso es un estigma, pero pienso que la gente que no fracasa jamás vivirá el éxito. Igual mi pensamiento es muy americano.

-Y ahora, como empleada, ¿pesa su experiencia como empresaria?

-Yo sigo trabajando como si estuviese en Novatex, el mismo compromiso con Texpro, pero no tengo la misma responsabilidad. Tengo menos estrés. Entiendo lo que me mandan, porque antes yo era la que pedía.

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