«La Fundación Niemeyer se parecía más a una start-up que al Prado»

Picanyol, durante la instrucción en los Juzgados de Avilés. / MARIETA

Joan Picanyol defiende el trabajo y los viajes del Centro y Dolores Carcedo no recuerda como patrona «haberme interesado por la situación económica»

C. DEL RÍOOVIEDO.

El exsubdirector del Centro Niemeyer, Joan Picanyol, defendió el trabajo realizado y la necesidad de viajar continuamente para crear círculos de confianza y de amistad que permitieran desarrollar a la postre el proyecto. Reconoció que él contaba con una tarjeta Visa facilitada «posiblemente» por Natalio Grueso, exdirector del centro, para gastos de representación porque hoteles y vuelos ya estaban reservados y pagados. «Este un trabajo de relaciones personales. ¡Yo me aburría de ir a comer con gente, artistas, representantes, taxis..!», explicó ayer a la Sección Tercera de la Audiencia Provincial en la que se está juzgando el 'caso Niemeyer'.

A lo largo de más de una hora, Picanyol ahondó en el tipo de tarea que desempeñaban todos y cada uno de los miembros del equipo y la motivación y el pago de los viajes. Descartó que tuvieron otro objetivo que no fuera el profesional, a pesar de que algunos coincidieran con festividades como en el Puente de la Inmaculada. «¡Yo no marco las fechas de los festivales!», respondió.

Picanyol recalcó que él «siempre» había pagado sus viajes personales dando órdenes explícitas para ello. Exhibió, de hecho, un correo electrónico en el que le pedía al agente de viajes José María Vigil que reservara hotel y vuelo para la que entonces era su novia. «Pedí que se me facturara a mí y el di mi número de Visa por correo», aseveró. «Está aquí como testigo, no le estamos acusando de nada», le aclaró el fiscal ante la vehemencia de sus explicaciones.

Aseguró que el ritmo de trabajo era tan frenético que no se sabía hasta última hora quién iba a realizar algunos viajes, lo que podría explicar por qué el nombre de algunos viajeros no era el mismo en el billete y en el talón de viaje de Viajes El Corte Inglés. Una explicación que acabó dando a pesar de que en numerosas ocasiones el presidente del tribunal le pidió brevedad y omitir opiniones. «¡Son ganas de contestar bien!», llegó a justificarse en una ocasión. «Sinceramente, yo no veo al director del Centro Niemeyer entrando y cambiando el nombre del viajero en la contabilidad de Viajes El Corte Inglés», añadió.

Ensalzó tanto el trabajo desempeñado por Judit Pereiro, exmujer de Natalio Grueso, como por Marc Martí, exdirector de producción, también acusados. Sabía que ella no cobraba un sueldo del Centro Niemeyer «porque yo era el subdirector de una empresa de dos personas y sabía que éramos dos. Y cuando éramos tres sabía que éramos tres. No tuve que investigar nada para saberlo». Aunque cree que Pereiro debería haber recibido compensación económica por un «trabajo de consultoría brutal». «No tengo voluntad de alargarme, pero el punto de partida (de las preguntas) no corresponde con la realidad. La Fundación se parece más a una start-up que al Museo del Prado. (Pereiro) Estaba apoyando en las actividades propias, porque habla varios idiomas y atiende muy bien a los invitados y creando algo súper importante, círculos de confianza, algo fundamental en el caso de estrellas. Eso no tenía horario laboral», amplió. De ahí que poco después añadiera que «se ha creado un relato absolutamente paralelo a la realidad en este sentido».

Ayer también declararon el jefe de la empresa para la que trabaja Judit Pereiro, de la que fue socio Natalio Grueso; el secretario técnico de la Consejería de Cultura durante el mandato de Mercedes Álvarez, que no se salió de la explicación oficial, y la consejera Dolores Carcedo, que por aquel entonces era directora de la Oficina de Evaluación y Seguridad de Políticas Públicas en la Presidencia del Principado y durante 2011 fue miembro del patronato, periodo durante el que no recordaba «haberme interesado por la situación económica».

Confirmó haber recibido la cuentas de la Fundación de 2010 por correo electrónico y con el informe de salvedades de la auditora KPMG. No se dio cuenta o no vio nada extraño en los créditos concedidos porque, según ha explicado, «muchas veces es necesario pedir créditos de tesorería porque ingresos y gastos no suelen ir acompasados». Las dio por aprobadas mediante el silencio administrativo

Antes, en su calidad de directora de la Oficina de Seguimiento, se le había pedido que se interesara por la solicitud de autorización de un crédito ante la Consejería de Hacienda que había realizado la Fundación Centro Niemeyer y por la de una subvención en la Consejería de Cultura. El primer procedimiento respondía al criterio general de la Hacienda autonómica era que «si bien la fundación no era sector público en sentido puro y no computaba a nivel de deuda con la comunidad autónoma, sí se corría el riesgo de que llegara a contar».

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