Un gancho repleto de cariño

Niños y entrenadores del Gimnasio Toa posan en su lugar de entrenamiento y que compartieron con los mayores. /  MARIETA
Niños y entrenadores del Gimnasio Toa posan en su lugar de entrenamiento y que compartieron con los mayores. / MARIETA

El centro de mayores de Los Canapés y el gimnasio Toa de Versalles colaboran en un calendario solidario impulsado por la junta de residentes

FERNANDO DEL BUSTO AVILÉS.

Una mano no solo sirve para golpear, también para abrazar, para dar cariño. Bien lo saben los integrantes del Gimnasio Toa que este año protagonizan el calendario solidario impulsado por la junta de residentes de la residencia de Establecimientos Residenciales de Ancianos (ERA) de Los Canapés. En él los doce meses se ilustran con diferentes sesiones de entrenamiento entre los niños que descubren el boxeo y los mayores. Es imposible pasar las hojas sin enternecerse.

Hay ternura, cariño, humor, sensibilidad. «La gente piensa que el boxeo es violento, pero es un deporte con muchos valores: sencillez, humildad, esfuerzo, sacrificio», comenta Rubén García, 'Ruby', responsable del gimnasio Toa y que fue uno de los primeros en escuchar la idea que le propusieron su padre, Celso García, y Rogelio Barrera.

Celso García colabora habitualmente con la residencia de Los Canapés. Él comentó la posibilidad a su hijo. Existía un antecedente: el calendario de 2017, que los residentes de Los Canapés protagonizaron con los integrantes del parque de Bomberos.

Hace dos años, los Bomberos de Asturias protagonizaron una experiencia similar

«Visitamos el parque de bomberos de Avilés dentro de nuestro programa de apertura a la sociedad», explica Francisco Salguero, director de la residencia. Los integrantes de Bomberos también se acercaron a la residencia para informar sobre seguridad y actuación en caso de incendio. De manera natural se llegó a la idea del calendario, encargándose de la fotografía Juan José Rodríguez Ruano, en esos momentos familiar de un residente del centro. «Le gustaba la fotografía y disponía un equipo que no teníamos; era natural que colaborase», comenta María Jesús García Blanco, animadora social del centro y que se encargó de los aspectos legales. Y es que no se podían olvidar temas tan complejos como las autorizaciones para las imágenes y su reproducción.

La junta de residentes, presidida por Amelia Gómez Gómez, gestionaba las tareas de impresión del calendario. Los ingresos de la venta se destinan a sus actividades.

«Todos quedamos encantados con la experiencia», asegura el director. Participaron los bomberos de los cuatro turnos y las imágenes transmiten una sensación de felicidad y alegría que confirman las palabras de Salguero. Así lo atestiguan las fotografías de las sesiones enmarcadas la entrada de residencia.

En 2018 no se repitió el calendario. «Con la programación de actividades no tuvimos tiempo para organizarla», explica María Jesús García Blanco. Sin embargo, el terreno era fértil y el pasado año germinaba la idea de la colaboración con Toa.

Así, quince de los integrantes de las clases de boxeo infantil acudieron a la residencia a hacer dos exhibiciones y un grupo de mayores se acercó a las instalaciones de Toa para conocer un gimnasio y hacer sus pinitos con las máquinas.

«Fue algo muy importante para todos», asegura García Blanco. Incluso la gente de Toa ya planifica devolver la visita a Los Canapés. Además del cambio de escenario, la novedad era que Eugenio Luis Gutiérrez Fernández, presidente de la Asociación de Familiares, se encargó de la fotografía. La empresa de soluciones gráficas Anagraf también aportaba su granito de arena en la impresión.

Para los chavales de Toa, la experiencia fue igual de emotiva. Sara Montoya es la entrenadora y reconoce que se emocionó con el trato y las situaciones personales que encontró. Aunque, como señaló Lucía Oliva, todo se compensó al ver «que la gente estaba contenta y felices con nosotros». Lo subrayan los más pequeños. Vera González, de seis años, Daniela Pérez, de nueve años, Ares Lois, también de nueve , o Iker Ageitos, de doce años, resumen en una frase lo que más le gustó de la experiencia: «Verlos felices».