Los 'gatos del cok', en peligro

Un gato, en el centro, a punto de bajar hacia el sótano. / LVA
Un gato, en el centro, a punto de bajar hacia el sótano. / LVA

Los trabajadores de las baterías están preocupados por el destino de la colonia de felinos, que se ha quedado sola en la planta

YOLANDA DE LUISAVILÉS.

«Llevan toda la vida aquí, yo llevo muchos años trabajando en baterías de cok y siempre estuvieron, ahora no sabemos qué va a pasar con ellos». Los trabajadores de las baterías de cok están preocupados por la colonia de gatos que vive en las instalaciones que ahora cesan su actividad. Pueden ser casi doscientos felinos los que están dentro de la fábrica, en su sótano. Cazan ratas, ratones y los aguarones de gran tamaño que hay en esta zona de las baterías, pero también eran alimentados por los trabajadores con el dinero que se recaudaba en la venta de bebidas, ya que las ganancias se destinaban a la compra de comida para los gatos.

Ahora baterías de cok está a punto de echar el cierre definitivo. De momento el grueso de los trabajadores ya no volverá el lunes a las instalaciones de la margen derecha, se incorporarán a sus nuevos puestos en otros departamentos de la multinacional, fundamentales en las baterías de Veriña, pero también en otras instalaciones. Solo quedará un retén de veinte trabajadores en Avilés para las tareas que restan hasta que el 30 de diciembre ArcelorMittal entregue las baterías a su propietario, la sociedad estatal Sepides. Luego comenzará la demolición.

«Seguro que la inversión va a ser muy importante, millonaria, no creo que sea muy costoso incluir un plan para sacar a los gatos de la fábrica de forma segura», comenta uno de los trabajadores preocupado porque de no darse una solución seguro que gran parte de estos animales encontrarán la muerte más pronto que tarde.

Como los canarios en la mina

Nadie sabe por qué hay tantos gatos en las instalaciones de baterías de cok, si bien corren entre los trabajadores distintas teorías. Una de ellas remonta sus orígenes ya a los momentos de construcción de las campanas y luego de inicio de la actividad de las instalaciones en los años cincuenta. Creen que es posible que fueran utilizados como los canarios en la mina para detectar el gas que pudiera acumularse. De hecho, algún trabajador relata como en alguna ocasión salió corriendo de una zona del sótano al ver a alguno de los gatos caminando tambaleándose y efectivamente, luego se comprobaba que había algún problema con el gas acumulado en esa zona.

Con el paso del tiempo los gatos han pasado a ser uno más en las baterías de cok. Aunque no son en su mayoría dóciles, se han acostumbrado a vivir entre tubos y carbón, y también entre humanos que les daban comida.

«Sería sencillo que una protectora se hiciera cargo de ellos, solo hay que tener un poco de sensibilidad y poner voluntad para ello, dentro de un proyecto tan importante como este para demoler, descontaminar y urbanizar la zona, ese poco dinero necesario no se notará casi», claman los trabajadores en busca de solución para 'sus' gatos.