El hermano de Grueso afirma que prestó asistencia al Niemeyer de forma «altruista»

Mario Grueso, hermano de Natalio, abre la puerta de la Audiencia al abogado de Marc Martí. / ÁLEX PIÑA
Mario Grueso, hermano de Natalio, abre la puerta de la Audiencia al abogado de Marc Martí. / ÁLEX PIÑA

La mujer del exagente de viajes asegura que fue invitada por el exdirector del centro a tres viajes de trabajo de su marido

C. DEL RÍO OVIEDO.

Mario Grueso, hermano del exdirector del Centro Niemeyer, afirmó ayer que prestó asistencia técnica en su condición de arquitecto al estudio brasileño de Oscar Niemeyer antes de que la empresa pública Sedes se hiciera cargo del proyecto. «Lo hacía de forma altruista porque Natalio necesitaba ayuda y le venía bien cualquiera que se le pudiera prestar, a él y a la fundación» y, además, «consideraba que este proyecto tenía un valor extraordinario, único», señaló en la decimoprimera sesión del juicio por el 'caso Niemeyer' que se desarrolla en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial y que ayer fue más breve de lo habitual. De los siete testigos que supuestamente estaban citados, solo se presentaron dos y un tercero, una mujer, declaró por videoconferencia. De los cuatro restantes, dos no habían recibido la citación (los padres de Joan Picanyol, que fue subdirector del centro) y las madres de Grueso y de Pedro Zuazua, que fue responsable de comunicación del centro, excusaron su presencia. La primera ha sido citada nuevamente el día 22 y la segunda tendrá que justificar su supuesta enfermedad.

El hermano de Natalio aclaró que no participó en la redacción del proyecto arquitectónico sino que colaboró con «dos tipos de asistencia», una «personal» cuando «Natalio me pide que me encargue de Yair (Valera, el arquitecto jefe del estudio Niemeyer) cuando viene a Asturias. Lo recibo, lo cojo en el hotel y mantengo una relación personal como anfitrión o cicerone, para proporcionarle toda la información de carácter técnico que necesitaba». Estos primeros contactos, siempre gestionados por su hermano, desembocaron en una relación directa y más fluida con el tiempo, por la que «cada vez que venían a Oviedo me reunía con el equipo técnico del despacho profesional de Oscar Niemeyer».

La segunda asistencia que prestó al Niemeyer tuvo un carácter más profesional cuando el 1 de julio 2007 viajó a Madrid en avión en el día para visitar una exposición fotográfica y ver cómo podría adecuarse al espacio arquitectónico del futuro Centro Niemeyer. Matizó que esta función es uno de los campos de trabajo de los arquitectos. «Natalio quería trabajar en el campo de la fotografía, pretendía hacer una exposición relacionada con la este arte y en esas fechas se celebra PhotoEspaña y me pide que vaya, que haga el recorrido y mire cómo adaptarla al edificio dado mi conocimiento del proyecto», afirmó. Ese viaje se plasmó en unas notas que trasladó a su hermano. No fue un documento oficial de trabajo que pueda demostrar su colaboración con el Niemeyer, como insistía el fiscal, puesto que «si hubiera documentos habría honorarios y no los había, esto era una ayuda».

Reconoció que ignoraba quién iba a abonar su billete a Madrid, «lo único que sabía es que yo no lo iba a pagar» y, ante las preguntas suspicaces del fiscal, recalcó que «yo no iba a valorar una exposición de fotografía».

No fue el único familiar que viajó con cargo a la fundación que testificó ayer. También lo hizo la mujer del exagente de viajes, José María Vigil, que aseguró que viajó invitada por Natalio Grueso y en calidad de acompañante a tres destinos europeos a los que también volaron el propio Grueso y su exmujer, Judit Pereiro. Fueron Venecia, Cannes y Copenhague y fue la única vez en la que un cliente de su marido la invitó a un viaje. Se debió, según le explicaron, para que pudieran estar juntos durante unos viajes de trabajo que se sumaban a la habitual entrega de Vigil a la fundación, con la consiguiente merma de tiempo libre y familiar.

Sobre el de Venecia, del 30 de agosto al 3 de septiembre de 2007, en coincidencia con el festival de cine, afirmó que «estuve sola bastante tiempo» porque su marido tenía trabajo que despachar con Grueso y «yo no estaba presente en las reuniones». De profesión agente de viajes, al igual que su esposo, no supo precisar qué tareas tenía que desenvolver allí Vigil. «¿Era para que el señor Grueso no se perdiera por las calles? Lo que quiero saber es qué pinta allí un agente de viajes», preguntó el fiscal Alejandro Cabaleiro.

Testigo por error

La anécdota de la jornada tuvo lugar durante la testifical por videoconferencia de M. R. G., citada por error en lugar de M. R. C., una mujer a la que el Centro Niemeyer habría pagado un vuelo. La mujer declaró que no conocía ni el Niemeyer ni a ninguno de los acusados y que el único viaje que había hecho «fue con mi marido y con el Imserso en febrero de 2018 a Santander». El presidente del tribunal le pidió disculpas y advirtió que «todos podemos cometer errores».

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