Una historia de la plaza de Llaranes

José Ángel del Río, con su nueva obra sobre Llaranes. / OMAR ANTUÑA
José Ángel del Río, con su nueva obra sobre Llaranes. / OMAR ANTUÑA

José Ángel del Río recoge en un nuevo libro algunos episodios de este enclave | La obra forma parte de la colección sobre el poblado que se inició con relatos sobre el carnaval, el fútbol y las fiestas del embalse de Trasona

EVA FANJUL AVILÉS.

«Cuando en 1971 vinieron los Chiripitifláuticos a grabar en la plaza su programa de televisión, se reunieron aquí más de 20.000 personas, fue algo increíble». Este es uno de los episodios que el fundador del Club Popular de Cultura de Llaranes, José Ángel del Río recoge en su último libro folleto 'Plaza Mayor de Llaranes. Una historia con mayúscula'.

Esta obra forma parte de la colección de microrrelatos sobre la historia de Llaranes que José Ángel del Río empezó a publicar el pasado mes de febrero. Los tres anteriores están dedicados al carnaval, el fútbol y las fiestas del embalse de Trasona. Todos con una presentación en la que predominan las fotografías «para facilitar que la gente se acerque, vea y conozca la historia del poblado», apunta Del Río.

Este nuevo capítulo muestra en imágenes diferentes momentos vividos en este emblemático enclave del poblado siderúrgico desde 1954 hasta el presente 2018. Un nutrido repaso que constata tanto la evolución de la sociedad de Llaranes como la importancia de la plaza como punto «neurálgico» del barrio avilesino. «En aquellos tiempos en los que no se veía la tele, la gente acudía a cientos a ver cualquier cosa que se hiciese en la plaza», explica el autor.

Aunque en un principio la plaza mayor se diseñó como centro comercial que albergase diferentes comercios en sus soportales, «no llegó a cumplir con ese cometido y sí asumió en cambio otras funciones sociales que han permanecido hasta ahora», señala Del Río.

Entre otras cosas, «mientras no hubo iglesia, las misas dominicales se hacían en uno de los laterales. También sirvió de economato, hasta que se hizo el edificio; fue escuela, con las aulas en los bajos, en los tiempos en los que los colegios de Ensidesa llegaron a tener 2.600 alumnos. Después acogería sedes de diferentes grupos de empresa como el de montaña; así como un sala de exposiciones», enumera. La publicación de este libro folleto se acompaña de una muestra fotográfica que puede verse hasta mañana en los soportales de la plaza.

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