«Vinieron muchas patrullas y nunca me pidieron que bajara la música»

El hostelero de Sabugo, sentado en el banquillo de los acusados. / MARIETA
El hostelero de Sabugo, sentado en el banquillo de los acusados. / MARIETA

El hostelero de Sabugo que se enfrenta a 2,5 años de cárcel defiende que su local era tranquilo, aunque los vecinos afirman que sufrían insomnio

C. DEL RÍOAVILÉS.

La familia arrendataria del primero izquierda del número 28 de la calle de La Estación confirmó ayer en el Juzgado de lo Penal Número 2 de Avilés que sufrieron la música del bar de abajo «desde el principio, con el volumen a todo meter» entre 2016 y 2018. Según testificaron tanto los padres como la hija que tenía la habitación justo encima del local, se oían «perfectamente» la música, las conversaciones y hasta la cadena del baño. «Ya me sabía el orden de las canciones y a veces hasta vibraba la pared», manifestó la principal afectada, a la que ese supuesto alto volumen le provocó insomnio, cefalea y migrañas por las que aún sigue tratamiento. Aclaró que fue al médico después de irse del edificio cuando notó que los síntomas persistían.

El hostelero, por contra, rechazó las acusaciones de contaminación acústica por las que se enfrenta a dos años y medio de cárcel y aseguró tener todos los papeles en regla. Abrió el bar con licencia para música amplificada e insonorizado en diciembre de 2014. Conocedor de las quejas de sus vecinos, trató de paliar las molestias manifestadas prescindiendo de los altavoces y poniendo la música a través de la televisión a partir de abril de 2018. «Vinieron muchas patrullas de la Policía Local y nunca me pidieron que bajara la música porque es un bar para parejas y personas mayores, con la música no muy alta para conversar. Puede hacer más ruido la gente que está fuera hablando», afirmó. Aseguró que «no era mi intención molestar, solo quería ganarme la vida» y recalcó que su local «no era una discoteca, tenía mesas y sillas», incidiendo en la idea de que no podía tener la música muy alta.

Los vecinos del primero llamaron en 21 ocasiones a la Policía Local, que nunca incoó un acta sancionador porque no llevan con ellos un sonómetro cuando reciben este tipo de llamada. Simplemente hacen una comprobación visual y auditiva basada en sus propias impresiones, insuficiente para abrir un expediente. Según explicó un agente a preguntas de la Fiscalía, tienen que ser los servicios técnicos del Ayuntamiento, y previa solicitud por escrito del denunciante, los que encarguen una medición. Y, en este caso, cuando la hicieron «dio positivo».

No fue la única medición que se realizó. El propietario de la vivienda hizo una, el Ayuntamiento llevó a cabo dos y el arrendatario del bar intentó hacer una cuarta, pero no obtuvo permiso de los vecinos del primero para acceder al inmueble.

Según el padre de la principal afectada, solo obtuvieron «palabras», nunca compromisos, por parte del hostelero «y ahí se quedaban». Aseguró que hubo noches en las que llamaron hasta tres veces a la Policía Local «no solo porque a lo mejor no se presentaban sino porque la música seguía». Incluso, siempre según su testimonio, «a los diez minutos de que la patrulla se fuera, incluso la ponía más alta».

Tanto él como su mujer reconocieron haber recuperado el descanso nocturno hace nueve meses tras el precinto del local, puesto que los ruidos de la calle no les impiden dormir. Asimismo, rechazaron las dudas sembradas por el abogado de la defensa acerca del informe médico que acredita los problemas que el ruido genera en la pareja y que no está firmado por su médico habitual. El juicio continuará el miércoles.