«La imagen de las mujeres poderosas se ha deformado»

La conferencia de ayer llenó el salón de actos de la sede universitaria en Avilés. /  PATRICIA BREGÓN
La conferencia de ayer llenó el salón de actos de la sede universitaria en Avilés. / PATRICIA BREGÓN

La historiadora Rosa María Cid rechaza los estereotipos con los que han ingresado en la Historia y advierte de su pervivencia

C. DEL RÍO AVILÉS.

De Roma y Egipto al siglo XXI. De Livia, Agripina y Cleopatra a Hillary Clinton. Rosa María Ciudad, catedrática de Historia Antigua de la Universidad de Oviedo, proyectó ayer luz sobre el papel de la mujer en la sociedad clásica y lo comparó con la propaganda política actual que demuestra que «las cosas no han cambiado demasiado». «Si una mujer intenta acceder al poder puede desmontar el orden de los hombres. Es fácil ver como entonces se crean estereotipos y todavía hoy hay reminiscencias porque el orden patriarcal no está erradicado». Ocurrió en Roma y sigue inspirando a las generaciones actuales, con la campaña de los seguidores de Donald Trump contra Hillary Clinton como ejemplo. Un salto en el tiempo y una clase de historia de la mano de la investigadora Rosa María Cid, que ayer abrió en el Centro de Servicios Universitarios una nueva temporada del Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS, bajo la dirección de Mercedes de Soignie.

Cid rescató a «mujeres históricas (deliberadamente) marginadas porque siempre se procuró que permanecieran en los ámbitos domésticos». Mujeres poderosas, a pesar de los escasos resquicios que tenían para destacar, con las que se ganó a un auditorio que incluso premió con un cálido aplauso los minutos de más que la historiadora entregó a 'sus' mujeres. Su objetivo fue demostrar la distorsión del poder femenino en la Historia a través de unos mitos que, en la mayoría de las ocasiones, tienen muy poco de realidad. Los primeros historiadores «deformaron sus vidas para demostrar que tuvieron poder y no supieron ejercerlo». Un planteamiento que comenzó a cambiar en las últimas décadas del siglo XX, cuando irrumpió otra forma de mirar al pasado: la historia de las mujeres transformada en estudio de género. «Nosotras vamos más allá de lo que dicen las fuentes. Somos capaces de ver que lo que se decía respondía a unos intereses. A lo largo de la historia, la sociedad ha sido patriarcal y siempre ha tenido que la mujer accediera al poder».

Sentadas las bases y las críticas a la historia conocida hasta ahora, Rosa María Cid despojó a Livia, Agripina y Cleopatra de la «maledicencia» vertida contra ellas. «Se les critica que eran apasionadas, precipitadas, su supuesta promiscuidad, que conspiraban, que eran corruptas, avaras y ambiciosas. ¿Y César y Alejandro Magno no eran ambiciosos? Si en política no lo eres, no llegas a ningún sitio, pero a ellos no se les pone nunca estos epítetos», denunció.

Explicó el régimen social perfectamente diseñado por los romanos en el que la mujer no tenía derechos políticos. «Las mujeres asumieron que su papel social era tener hijos e imbuirlos en el patriotismo. Era una ciudadana al servicio de Roma, de la res pública», indicó. El sistema cambió con la dinastía instaurada por Augusto. «Por el hecho de alumbrar al heredero, las mujeres comienzan a tener protagonismo público, que no poder». Así, Livia y Agripina se entregaron a allanar el camino de sus hijos al poder, aunque luego ellos las apartaron. En el caso de Cleopatra, «un personaje fascinante donde los haya y sobre el que no caben más mentiras», con gran habilidad política. «Intentó un Egipto independiente y tomar el poder en el Mediterráneo y fue la primera en dirigirse al pueblo en su idioma», defendió.

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