Los intoxicados en AZSA aún registran «altos niveles de mercurio en sangre»

Manifestación en apoyo a los intoxicados con motivo de la última huelga de hambre a las puertas de la factoría de AZSA. / MARIETA
Manifestación en apoyo a los intoxicados con motivo de la última huelga de hambre a las puertas de la factoría de AZSA. / MARIETA

La Universidad de Oviedo culmina un estudio sobre la concentración del mineral en un grupo de diecisiete afectados, que dan cantidades de riesgo

RUTH ARIAS AVILÉS.

Los trabajadores intoxicados por mercurio en Asturiana de Zinc entre noviembre y diciembre del año 2012 aún presentan altos niveles de mercurio en sangre. Su cuerpo todavía no se ha recuperado de la intoxicación, según se desprende de los análisis realizados en busca del metal también en orina y pelo. Las mediciones revelan que «niveles significativamente altos de metilmercurio», incluso en individuos que no habían consumido pescado ni marisco después del accidente, fuentes de la mayor parte del mercurio que se haya en nuestros organismos.

Los investigadores, un grupo comandado por José Ignacio Alonso, del departamento de Química Analítica, tomaron muestras de diecisiete de los cincuenta trabajadores afectados, y de otras diez personas, principalmente sus parejas, como grupo de control para comparar los datos. «Se pensó en las parejas porque tienen una alimentación similar pero no habían sido intoxicadas», señala Alonso.

De los datos se desprende que no todos los afectados recibieron o procesaron el mercurio de la misma manera. Algunos de ellos arrojan niveles similares a los del resto de la población, mientras que en otros, los niveles de metilmercurio en sangre se disparaban por encima de lo que la Organización Mundial de la Salud considera un nivel de riesgo. Así, las cantidades de mercurio hallado en cabello y orina entran dentro de lo normal, no ocurre lo mismo en la sangre.

Alrededor de la mitad de los trabajadores que participaron en el estudio presentan concentraciones muy elevadas de metilmercurio, es decir, mercurio orgánico, en la sangre. «Ellos inhalaron mercurio elemental, que habitualmente en el cuerpo se transforma en mercurio II, y ahora creemos que en algunos casos puede transformarse en metilmercurio», señala Alonso.

En los intoxicados en AZSA, los niveles más altos, los que se salen de rango, son los de metilmercurio, el tipo que también llega a nuestros cuerpos a través del pescado y otros productos de la mar. Sin embargo, sus números son mucho más altos que los de sus parejas. «La conclusión a la que llegamos es que ellos han acumulado el mercurio en algún punto del organismo, que aún no hemos identificado, y que lo van soltando poco a poco en forma de metilmercurio a la sangre», opina el investigador.

El estudio, publicado por la revista 'Science of the Total Environment', servirá de base para la tesis doctoral de Silvia Queipo. En el mismo también han participado Pablo Rodríguez, de la Facultad de Química, Eduardo Martínez-Morillo, del servicio de Bioquímica Clínica del HUCA, y Clay Davis, del Instituto Nacional de Patrones y Tecnología de Gaithersburg, en Maryland, Estados Unidos, que aportó los materiales de referencia.

«La tendencia que vimos es que este grupo de trabajadores tienen más mercurio en la sangre que lo que les corresponde por sus niveles en cabello y orina, sus proporciones no se corresponden con lo que es habitual», indica Alonso. Ahora el siguiente paso será determinar cuál es el origen del mercurio, es decir, si procede de la alimentación o de la intoxicación sufrida en la planta de zinc, un aspecto que aún no ha podido estudiarse. «Hay una huella isotópica distinta, así que podría llegar a saberse», aseguran.

Determinar el origen

Este estudio será el que el departamento emprenda ahora, y del, que espera tener resultados en un plazo de dos o tres años. Al mismo tiempo, otro de sus objetivos es conocer más sobre el modo en que estos trabajadores han procesado el mercurio, en qué partes del cuerpo se ha alojado y cómo las ha afectado. «A ellos no podemos hacerles biopsias de todos los órganos, por lo que pretendemos hacer un estudio con ratones para conocer más a fondo las consecuencias del mercurio en el organismo», expone José Ignacio Alonso.

Las muestras se tomaron tres años después del accidente, por lo que las nuevas podrían variar las cantidades. Entonces los afectados arrojaban niveles de mercurio superiores a la media asturiana y también a los de los trabajadores metalúrgicos de la región, que también están más expuestos a esta sustancia. La concentración era similar a la de los trabajadores de áreas conflictivas como algunas zonas mineras de Filipinas o Indonesia.

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