Juicio del 'caso Niemeyer': «Cada dos días le reclamaba el pago de las facturas a Natalio», dice el exagente de viajes

José María Vigil a su llegada a la tercera sesión del juicio del 'caso Niemeyer'. / ÁLEX PIÑA

La exmujer de Grueso lo acompañó en desplazamientos profesionales por el mundo sin cobrar «porque era bueno para Asturias»

Cristina Del Río
CRISTINA DEL RÍOAvilés

El exagente de viajes del Centro Niemeyer, José María Vigil, ha declarado hoy que permitió el endeudamiento de la entidad a espaldas de sus jefes de Madrid, que nunca se cobraron servicios no realizados y que cambió el sistema de facturación cuando se cansó del «desbarajuste» contable, del que responsabilizó a María José Mochales, contratada por el centro para tal fin.

La declaración de Vigil ante la Sección Tercera de la Audiencia Provincial continuará el próximo lunes. Hoy solo ha podido responder a las preguntas del Ministerio Fiscal y de la acusación particular, la Fundación Centro Niemeyer. Lo ha hecho después de que Judit Pereiro, exmujer de Natalio Grueso, explicara la importancia de viajar continuamente por los centros culturales del mundo para conocer gente, establecer contactos y cultivarlos de cara a su futura colaboración con el Centro Niemeyer. Aseguró haberlo hecho por petición de Grueso, sin contraprestación económica o en especie de ningún tipo y tan solo por la satisfacción de colaborar en algo «bueno para Asturias».

Vigil ha explicado a preguntas del fiscal Alejandro Cabaleiro que se permitió cierta benevolencia con el Centro Niemeyer porque, al igual que la Fundación Príncipe de Asturias, iba a ser un buen cliente y porque el dueño era asturiano, Isidoro Álvarez. Eso fue al principio porque desde la central en Madrid comenzaron a exigir el cobro de facturas conforme los impagos fueron aumentando.

El exagente de Viajes El Corte Inglés asumió entonces por su cuenta y riesgo seguir prestando servicios sin cobrar y dejando las facturas en un cajón a la espera de liquidez en la cuenta de la Fundación. Afirmó que el exdirector del Centro no era ajeno a esta situación porque «cada dos días yo le reclamaba el pago de las facturas».

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Recalcó que nunca se giraron facturas por servicios no realizados, que las fraccionadas se realizaron para cobrar con más agilidad y que si entre las facturas giradas a la cuenta del Niemeyer se encontró alguna de un viaje de familiares suyos a Londres fue «por un error» atribuible a su empresa que fue posteriormente reconocido y subsanado.

Lo que sí criticó fue la contabilidad del Centro Niemeyer, contratada a María José Mochales. Recordó que en todos los cierres de facturación le reclamaba de nuevo las facturas que él ya había girado a la Fundación y ante «tal desbarajuste» cambió el sistema de facturación: de facturas por grupos (eventos que incluyen viajes, hoteles, traslados) a facturación por servicio (un hotel, una factura) porque se esta forma a él le resultaba más fácil enviarle la documentación.

El rápido incremento de la deuda a raíz de la apertura del centro y el aumento de actividad le llevó a variar el sistema de cobro, exigiendo un talón por adelantado por determinada cantidad e ir descontando el precio de los servicios solicitados.