«En la justicia militar aún perviven muchas lagunas»

Ángel Cardín Toraño y Vicente Álvarez Areces, ayer durante la presentación. / JOSÉ PRIETO
Ángel Cardín Toraño y Vicente Álvarez Areces, ayer durante la presentación. / JOSÉ PRIETO

Ángel Cardín Toraño relata 'Le temps des cerises' su experiencia como recluso en una prisión castrense durante el franquismo

J. F. GALÁN AVILÉS.

'Le temps des cerises' (El tiempo de las cerezas) es una antigua canción de amor que se convirtió en un himno de la Comuna de París (1871) y el título de la última obra del economista y escritor asturiano Ángel Cardín Toraño, un testimonio sobre su estancia como preso en la cárcel militar de El Ferrol a finales de la década de los sesenta.

«Estuve allí año y medio, entre 1968 y 1970, con ocho horas de trabajo al día en unas condiciones muy duras, bajo vigilancia y órdenes de sargentos. Haz esto, haz lo otro, y un 'no me da la gana' se consideraba rebelión militar. Recuerdo las injusticias, los juicios inicuos en un espacio compartido por hasta ochocientos jóvenes que como yo habían sido obligados a hacer la mili. Muchos eran desertores, chavales que no se habían reincorporado tras un permiso», manifestó durante el acto de presentación celebrado ayer en el hotel 40 Nudos.

Entre los asistentes al acto, organizado por la asociación La Serrana, unas veinte personas, estaba la alcaldesa, Mariví Monteserín, y dos de sus predecesores, los también socialistas Manuel Ponga, el primer alcalde de la democracia, y Santiago Rodríguez Vega, actual presidente de la Autoridad Portuaria.

La introducción corrió a cargo de Vicente Álvarez Areces, expresidente del Principado y actual senador. «Ángel era un rojo de aquella época. Le metieron en la cárcel sin condena, simplemente porque estaba fichado, y se pasó la mili en una prisión militar», manifestó. También se refirió a mayo del 68. «El de París fue el más significativo, pero hubo muchos mayos del 68 en distintas partes del mundo. A mi me cogió en Santiago de Compostela, donde entre enero y mayo de ese mismo año se sucedieron movilizaciones estudiantiles. La represión fue durísima y un año después se declaró el estado de excepción, pero la influencia de aquellas revueltas perduraron y cambiaron el mundo», manifestó.

Cardín Toraño estaba en París cuando estalló la revolución de mayo del 68. «Era el representante del Sindicado Democrático de Estudiantes y, al volver a España, en el sorteo para hacer la mili tuve la mala suerte de que me tocó la marina, lo que representaba más tiempo de servicio, veinticuatro meses».

Ingresó en prisión apenas unas semanas después de haber iniciado el servicio. «Fue terrible. Por una mala contestación estuve sesenta días en una celda de castigo bajo el mar. Salí vivo porque era verano, el que estuvo antes que yo salió con tuberculosis», recordó. Durante su intervención recordó a «Moncho, un chico de Avilés al que le cayeron 120 años por haber robado un dinero en la marina y tras cumplir dieciséis salió enfermo y murió».

La mayor parte del libro «la escribí hace 48 años», y lo que le ha llevado a poner en orden aquellos apuntes y darles forma «es esta nueva corriente de historiadores que están justificando el franquismo». Las últimas treinta páginas las dedica a la actual justicia militar. «Es cierto que ha cambiado, y mucho, pero todavía perviven lagunas, cosas que no se conciben, como lo del Yak 42, sin que ninguno de los responsables de esa cadena de subcontrataciones ni los que se quedaron con el dinero hayan recibido castigo».

 

Fotos

Vídeos