Macarronada popular e improvisada en el Ferrera

Medio centenar de asistentes al Celsius comieron juntos en el Ferrera. / OMAR ANTUÑA
Medio centenar de asistentes al Celsius comieron juntos en el Ferrera. / OMAR ANTUÑA

Las redes sociales fueron el lugar en el que se gestó la idea de esta comida a la que cualquiera estaba invitado | Más de cincuenta asistentes del Celsius decidieron coger la sartén por el mango y organizar ellos mismos una macarronada

MARINA MARTÍNAVILÉS.

Nahikari Diosdado es una de las autoras invitadas al Celsius a presentar su última novela. Hace un par de días puso por Twitter «de broma» que sería genial hacer una macarronada multitudinaria entre asistentes al festival para conocerse y no gastar tanto en comer fuera. Dicho y hecho.

Alrededor de unas cincuenta personas se reunieron ayer en el parque de Ferrera para comer macarrones (y empanada, tortilla, y lo que cada uno quisiera traer). «En mi pueblo muchas veces lo hacemos y creí que sería divertido hacerlo aquí, pero no me esperaba que tanta gente se animase» cuenta la propia Diosdado. Admite riendo que «creo que se me ha ido de las manos».

La mayoría de los asistentes se conocieron por redes sociales y se reúnen cada año en el Celsius. Así pasan algunos días compartiendo su afición por la lectura y, además, conociendo a gente de sus mismos intereses.

Andreas Gael respondió a la llamada de los macarrones, con la que se topó por casualidad. «Yo no me enteré por redes, estaba por el festival y alguien dijo algo de una macarronada y me apunté sobre la marcha» cuenta. Otra de las asistentes a la quedada fue Frida Chacín, que admite que «me esperaba bastante gente, porque ya había escuchado a varias personas decir que pensaban apuntarse». Además, les entusiasma la idea de poder hacer de la macarronada tradición del Celsius a partir de ahora. «Pensamos volver y sería genial» señala Gael, mientras que su amiga le responde que «el espíritu del Celsius es venir, disfrutar de lo que hay, y montar cosas no oficiales».

No es un mal resumen del ánimo con el que vienen muchos de los asistentes al festival. Más allá de todas las actividades ya propuestas por la organización, no es raro encontrar durante estos días quedadas o tertulias alternativas. Los baresse llenan de autores conversando, y el parque de Ferrera se convierte en escenario ideal para tardes de juegos de mesa o, como ha sido en este caso, de improvisadas macarronadas.

Una opción muy económica para aquellos que ya se han gastado dinero en billetes y en alojamiento, e ideal para quienes han venido al festival sin conocer a muchagente y buscan acompañantes para las largas horas de cola para las firmas.