Ritxar Bacete: «Tenemos a las 'manadas' del siglo XXI en las escuelas»

Ritxar Bacete, ayer en el Centro de Profesorado y Recursos. / MARIETA
Ritxar Bacete, ayer en el Centro de Profesorado y Recursos. / MARIETA

Defiende nuevos modelos de expresión para los varones, intoxicados por roles que coartan su libertad

C. DEL RÍO AVILÉS.

Ritxar Bacete (Vitoria, 1973), antropólogo, investigador y autor de los libros 'Nuevos hombres buenos' y 'El poder de los chicos', presentó ayer sobre los retos del sistema educativo en su trabajo por la igualdad en el Centro de Profesorado y Recursos Avilés-Occidente.

-¿Se siente solo? No hay muchos hombres trabajando públicamente por la igualdad.

-El 95% de las propuestas que recibo para investigar o impartir formación proceden de mujeres. No me puedo sentir solo. Ni solo ni raro, el que tiene que sentirse así es el que está en contra de la igualdad.

-¿Igualdad o feminismo?

-Es difícil entender la igualdad y comprobar hasta dónde hemos llegado hoy sin el feminismo. Solo hay que ir a la Real Academia Española y ver que lo define como un movimiento que lucha por la igualdad entre mujeres y hombres.

-¿Cuáles son las implicaciones educativas en la era del feminismo?

-Tenemos que ser capaces de traducir la igualdad. Creo que un fallo de la lucha feminista ha sido centrarse solo en el empoderamiento de las chicas, que ha servido y ha sido exitoso, pero ha despertado muchas resistencias y tiene a los hombres atemorizados.

-A pesar del sistema educativo, hoy hay muchos hombres buenos.

-El problema es que convertimos la educación en un cajón de sastre. Tenemos que concienciarnos todos y hacer un trabajo transversal. El sistema educativo no deja de ser un reflejo de la sociedad. Si mi hijo que tiene cuatro años solo ha tenido profesoras de educación infantil, pediatras y enfermeras mujeres y personal de limpieza en el hogar femenino, estamos lanzando un mensaje contradictorio.

-¿Cree que aceptaría una familia a un hombre como asistente doméstico? Cuesta imaginarlo.

-Todas las instituciones nos influyen. Son las mesoestructuras, la forma en la que se distribuye el poder. Si se diera un premio y la máxima pensión por cuidar a ancianos se estaría otorgando prestigio y poder a los cuidados. El problema es que siguen sin ser centrales en nuestra sociedad. Por primera vez en la historia conocida de la humanidad nos estamos extinguiendo y eso no es porque las mujeres no quieran tener hijos sino porque los hombres no nos implicamos en su cuidado.

-¿Cómo se empezó a interesar usted por estos temas de género?

-Viene de lejos y tiene que ver con la incapacidad para asumir el dolor que se infringía a otros de forma gratuita. Pegar al más débil o maltratar a un perro me producía un desasosiego que no podía soportar. Abandoné a mi grupo de amigos y me quedé solo. Empecé a frecuentar sectores feminizados y descubrí que me sentía más cómodo y podía expresar realmente cómo soy yo.

-¿Es lo que trata de enseñar a los adolescentes en su último libro?

-Los chicos siguen penalizados por llevar una muñeca a la escuela, pintarse las uñas o disfrazarse de 'Frozen'. Tienen sobre ellos un marcaje radical que no se les deja ser libres y generar modelos positivos. Tenemos a las 'manadas' del siglo XXI en las escuelas. Este libro trata de interpelar a esos jóvenes, ofreciéndoles la posibilidad de gestionar sus emociones.

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